Veterinarios: Cómo determinar una urgencia clínica

Consideradas como esenciales por el decreto ley del estado de alarma, las clínicas veterinarias continúan prestando sus servicios. La recomendación es la de acudir al centro veterinario por un motivo o urgencia justificada. El Colegio de Veterinarios de Zaragoza comparte un método para que los profesionales puedan determinar la urgencia clínica o la necesidad de examen clínico.

Ante la situación de estado de alarma por la crisis sanitaria provocada por el coronavirus y en plena cuarentena, se recomienda que los propietarios de mascotas acudan a su centro veterinario en caso de necesidad justificada. Son, por tanto, los veterinarios quienes deben determinar la urgencia clínica, para lo que el Colegio de Veterinarios de Zaragoza ha elaborado un protocolo para decidir si existe una necesidad de examen clínico o de un tratamiento directo a un animal durante este periodo de emergencia sanitaria.

Para ayudar a los profesionales a tomar esta determinación, el colegio maño ha compartido un método de triaje mediante el que poder concluir si el caso al que se enfrenta un veterinario puede ser una urgencia clínica o que requiera un examen clínico o tratamiento directo. Este esquema o algoritmo para determinar tal urgencia o la necesidad de una revisión clínica física ha sido obtenido mediante la Ontario Veterinary Medical Association, y aunque no se trate de una imposición a seguir, puede ser útil como información complementaria para que los profesionales resuelvan las posibles dudas que puedan surgir y tomen con mayor facilidad las decisiones correspondientes.

¿Se puede abordar el problema en 6-8 semanas?

El triaje plantea, en primer lugar, si es posible abordar el problema que se presenta de forma adecuada en seis u ocho semanas. Si la respuesta a tal pregunta es afirmativa, el veterinario puede dar por hecho que no se trata de un caso urgente que requiera un examen clínico. Si, en caso contrario, no se tiene la seguridad de tratar el caso en ese periodo de tiempo, contestando a una serie de preguntas se podrá obtener conclusiones más específicas.

¿Está en juego la vida del animal?

La primera de estas cuestiones se refiere a si la urgencia puede convertirse en una amenaza inminente para la vida del animal, y si es posible que se tenga que recurrir a la eutanasia. Si la respuesta es afirmativa, será necesario realizar un examen de manera inmediata. Si no es el caso, se debe plantear una segunda pregunta.

¿Puede brindar el tratamiento el propietario o cuidador?

La segunda preocupación a sortear será sobre la posibilidad de que exista un riesgo importante de que el problema pueda poner en peligro la vida de la mascota sin un tratamiento que el propietario pueda brindar. De nuevo, la respuesta afirmativa exigirá la revisión lo antes posible, y si por el contrario, es negativa, se pasará a la siguiente cuestión sin que todavía si cite al cuidador.

¿Se puede tratar la afección por otros medios?

La tercera pregunta a plantearse por parte de los veterinarios también está relacionada con el posible tratamiento a seguir. Si se trata de una afección dolorosa que puede tratarse de manera temporal por otros medios alternativos si el cuidador no puede llevar a cabo el tratamiento recomendado, la urgencia no necesitará un examen clínico. Por ejemplo, mediante medicamentos o una restricción del ejercicio. Pero si estos no bastan para el caso en particular, y se necesita de un tratamiento directo, el veterinario deberá citar a la mascota para el examen médico correspondiente.

¿Existe un riesgo para la salud pública?

Y si, por último, la enfermedad del paciente puede poner en peligro la salud pública o existe un riesgo de que sea perjudicial para la misma, el examen se requerirá con urgencia. Si la respuesta a esta fundamental cuestión es también negativa, y de igual forma con todas las anteriores, el profesional puede dar por hecho que la revisión clínica no será urgente y el problema podrá abordarse en el periodo de tiempo estimado al comienzo del planteamiento.

Vacunas, desparasitación y esterilización

En lo que respecta a las vacunaciones de rabia, leishmaniosis y leptospirosis, el profesional debe considerarlas como tratamientos directos no aplazables, al igual que la administración de los refuerzos de series de vacunas que ya hayan comenzado previamente. Por su parte, la desparasitación frente a la hidatidosis es obligatoria e incluso puede ser considerada como urgente. En cambio, pueden posponerse otras vacunas siempre que el riesgo de exposición pueda ser controlado. Además, la esterilización y la castración no deben ser considerados como procedimientos urgentes, según este protocolo.

triaje para determinar una urgencia clínica

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