Los expertos señalan que a partir de ejemplares de lobos grises el proceso de domesticación de los perros comenzó hace más de 15.000 años en los territorios de Eurasia. Sobre este punto de partida un grupo de científicos formado por zoólogos, etólogos y biólogos ucranianos, ha estudiado sobre el terreno todos los detalles sobre la existencia en Ucrania de un proceso de domesticación a la inversa.
El objetivo de este estudio, cuyos resultados han sido publicados en la revista «Evolutionary Applications», es analizar las circunstancias y cambios que provocan que mascotas domésticas se conviertan en animales salvajes en situaciones excepcionales, en este caso de conflicto bélico.
Mascotas en la guerra
La invasión de Ucrania por parte de Rusia comenzó el 24 de febrero de 2022 y en este «breve» espacio de tiempo los investigadores han podido comprobar, que en las zonas más próximas al frente de combate los perros y gatos que antes de la guerra vivían cómodamente como animales de compañía, muestran una rápida evolución adaptativa que les está permitiendo sobrevivir en entornos que se pueden calificar como asilvestrados o salvajes.
En relación con los perros los expertos han reunido datos sobre más de 760 ejemplares callejeros de nueve regiones ucranianas, donde sus habitantes están viviendo el conflicto de forma más cercana y donde un gran número de mascotas sobreviven en la actualidad sin personas que se encarguen de su cuidado y subsistencia.
Por otro lado, se ha podido comprobar que muchos de los perros que han conseguido sobrevivir en las zonas de combate muestran lesiones de guerra, heridas que sin embargo no les han impedido salir adelante.

Rápida adaptación
En los resultados del estudio aparece que la adaptación de los perros a un medio hostil ha sido extraordinariamente rápida, y que las mascotas de antaño hoy se han transformado en cánidos salvajes más próximos a coyotes y lobos que a animales de compañía.
Como señalan los científicos, el problema tomará importancia a la finalización de la guerra cuando haya que «recuperar» de alguna forma a unos animales que llevan años viviendo situaciones de estrés y sobreviviendo como si fueran animales salvajes, lo que en su opinión requerirá un nuevo proceso de domesticación.
La adaptación a entornos salvajes ha provocado que los perros braquicéfalos (hocico corto) prácticamente no hayan podido sobrevivir, al igual que ha sucedido con los perros de gran tamaño, que precisan mayores necesidades nutricionales, mientras que los perros de tamaño medio-pequeño y de hocico largo son los que en mayor número han conseguido salir adelante.
En relación con el pelaje los colores blancos y claros prácticamente han desaparecido de las zonas de guerra, mientras que la mayor parte de los perros asilvestrados muestran tonalidades mimetizables en los entornos que habitan.
De esta forma el estudio muestra que la guerra está actuando como un poderoso filtro que favorece aquellos rasgos físicos y anatómicos que contribuyen a la supervivencia en condiciones extremas, desestimando aquellos que actúan de forma negativa.

El poder del grupo
En una situación tan extraordinaria como la que se vive en Ucrania es fácil entender que las mascotas asilvestradas no lleguen a edades avanzadas, dado que su nutrición puede considerarse escasa y el mantenimiento veterinario inexistente.
En este escenario se ha comprobado que los perros supervivientes se han reunido en grupos como hacen otros cánidos salvajes, un comportamiento que les permite disfrutar de mayores posibilidades de subsistencia.
El hecho de vivir en grupos protege a sus integrantes de peligros ocultos como las minas terrestres, dado que siempre hay algún animal con capacidades para advertir al resto de la manada de la presencia de estos explosivos.































