Diabetes canina: Las perras no esterilizadas tienen mayor riesgo

Uno de cada quinientos perros sufre de diabetes canina, aunque el mayor riesgo es para los ejemplares de más edad y para  las hembras no esterilizadas. Un diagnóstico a tiempo y un tratamiento veterinario y dietético correcto, nos ayudarán a conseguir que nuestras mascotas diabéticas no pierdan calidad de vida y que puedan tener una vida saludable.

Los expertos afirman que uno de cada quinientos perros sufre o pueden sufrir diabetes canina, una patología que de forma general suele afectar a ejemplares de mediana y avanzada edad y, principalmente, a hembras no esterilizadas, aunque existen razas más proclives a sufrir esta enfermedad, como son los Caniche, Schnauzer, West Highland White Terrier o Beagle.

La diabetes canina es una enfermedad que provoca que los perros afectados tengan en su sangre niveles elevados de azúcar, una circunstancia que viene producida por los problemas que presentan sus organismos para generar la necesaria insulina.

Esta hormona, que se produce en el páncreas, permite que las células puedan coger azúcar (glucosa) de la sangre y utilizarla para que sus organismos puedan funcionar correctamente. En este sentido la “diabetes mellitus” aparece cuando el páncreas no produce suficiente insulina o cuando las células no pueden utilizarla para captar azúcar.

Desde un punto de vista científico existen dos tipos de diabetes canina, la Tipo 1 (cuando el páncreas no puede producir insulina) y la denominada Tipo 2 (cuando hay suficiente pero el cuerpo no puede utilizarla). La gran mayoría de los perros sufren diabetes de Tipo 1, mientras que la Tipo 2 es más frecuente en gatos.

Los síntomas de la diabetes canina pueden variar dependiendo de la fase de evolución de la enfermedad, aunque en general los perros que la padecen orinan demasiado (poliuria), beben en exceso (polidipsia), presentan un gran apetito y a la vez pérdida de peso (polifagia) y tienen poca actividad física (letargia).

Si detectamos que nuestra mascota presenta estos síntomas lo aconsejable es acudir al veterinario para realizar un hemograma y perfil bioquímico, un análisis de orina y un control de los niveles de fructosamina, una proteína de la sangre que se une a la glucosa y que nos indica los niveles de azúcar en las últimas 2-3 semanas.

El tratamiento de la diabetes canina, como sucede con las personas, precisa de la aplicación de insulina, dependiendo del peso y de las necesidades de cada animal, junto a una dieta adecuada y un programa de ejercicio físico que impidan que se provoquen situaciones de hiperglucemia.

La dieta de un perro diabético debe ser rica en carbohidratos complejos (almidón y fibra), alimentos que permiten que los azúcares se liberen de forma más controlada, aunque en el caso de las hembras lo más aconsejable para comenzar es la esterilización de las hembras. La razón es que durante los periodos de celo las perras producen progesterona, una hormona que tiene una influencia negativa sobre la insulina.

Un tratamiento veterinaria y una dieta adecuada suele ser suficiente para que los perros diabéticos puedan disfrutar de una vida saludable, aunque uno de los mayores riesgos para ellos es que el exceso de azúcar termine por producir cataratas. Para evitarlo nada mejor que los controles veterinarios periódicos.

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