Por eso es completamente normal que un perro pase una parte considerable del día durmiendo o descansando.
La cuestión cambia cuando observamos que duerme mucho más de lo habitual para él, resulta difícil despertarlo, pierde interés por actividades que antes disfrutaba o el aumento del sueño aparece acompañado de otros cambios de comportamiento o síntomas físicos.
Más que comparar a todos los perros con una cifra concreta de horas, conviene conocer el patrón habitual de nuestro animal y prestar atención a los cambios.
¿Cuántas horas duerme un perro?
No existe un número de horas universal que permita afirmar que todos los perros adultos deben dormir exactamente 12, 13 o 14 horas al día.
Los estudios sobre sueño canino muestran una importante variabilidad individual y también diferencias según la edad, el entorno, la actividad, las rutinas familiares y la forma utilizada para medir el sueño.
Una investigación realizada con más de 2.000 perros jóvenes encontró, por ejemplo, que los cachorros de 16 semanas dormían más durante el día y acumulaban más sueño en 24 horas que los mismos animales al alcanzar los 12 meses. Los propios investigadores advierten de que establecer cifras rígidas resulta difícil porque el sueño depende de numerosos factores.
Conoce todos los detalles de cuánto necesitan dormir perros y gatos para estar sanos.

Por tanto, la pregunta más útil no suele ser «¿duerme más de X horas?», sino:
¿Está durmiendo claramente más que antes y ha cambiado también su comportamiento cuando está despierto?
Los cachorros necesitan dormir más
Los cachorros alternan periodos de intensa actividad con numerosos periodos de descanso.
Durante los primeros meses están atravesando un rápido desarrollo físico y neurológico y, en general, duermen más que los perros adultos. A medida que crecen, el patrón de sueño va cambiando y una mayor proporción del descanso se concentra durante la noche.
Que un cachorro duerma mucho no suele ser preocupante si, cuando está despierto, come con normalidad, juega, explora el entorno y presenta un comportamiento acorde con su edad.
En cambio, un cachorro excesivamente apagado, difícil de despertar, que rechaza la comida o presenta vómitos, diarrea, fiebre u otros signos de enfermedad necesita valoración veterinaria.
Los perros mayores también pueden descansar más
Con el envejecimiento cambian la actividad física, la movilidad y los patrones de sueño.
Un perro senior puede realizar menos ejercicio y pasar más tiempo descansando, pero no deberíamos atribuir automáticamente cualquier aumento del sueño a la edad.
Dolor articular, enfermedades metabólicas, pérdida de capacidad sensorial o síndrome de disfunción cognitiva pueden modificar considerablemente el comportamiento de un perro mayor.
En el síndrome de disfunción cognitiva, además, uno de los cambios característicos puede ser precisamente la alteración del ciclo sueño-vigilia: algunos perros duermen mucho durante el día y después se muestran inquietos, deambulan o vocalizan durante la noche.

Si un perro mayor cambia notablemente sus horarios de sueño, conviene comentarlo durante la revisión veterinaria.
El nivel de actividad también influye
Después de una jornada especialmente activa es normal que un perro necesite más descanso.
Un paseo largo, una excursión, una sesión de juego o entrenamiento, un viaje o una jornada con numerosos estímulos pueden aumentar temporalmente el tiempo dedicado a dormir.
El sueño también está influido por el entorno y por la convivencia con las personas. Los perros domésticos son capaces de adaptar en buena medida sus ritmos de actividad y descanso a las rutinas humanas.

Por ello, un aumento puntual del sueño después de un día especialmente intenso no tiene por qué indicar ningún problema.
Aburrimiento y falta de actividad
Hay que diferenciar dormir porque el organismo necesita descanso de pasar gran parte del día inactivo porque no existen suficientes oportunidades de actividad.
Un perro que permanece muchas horas solo o carece de paseos, juego, interacción social y estimulación mental puede pasar más tiempo tumbado o dormitando.
En estos casos la solución no consiste simplemente en impedir que duerma, sino en comprobar si dispone diariamente de suficiente ejercicio, exploración, juego, interacción y enriquecimiento ambiental de acuerdo con su edad y estado físico.
Estrés y cambios de rutina
Los cambios importantes en el entorno también pueden modificar los patrones de descanso.
Una mudanza, la llegada o desaparición de una persona o animal del hogar, modificaciones importantes de horarios u otras situaciones de estrés pueden hacer que algunos perros duerman más y que otros, por el contrario, descansen peor.
Si el cambio es persistente o aparece acompañado de pérdida de apetito, aislamiento, ansiedad u otras alteraciones de comportamiento, conviene consultar con el veterinario.
¿Dormir mucho es lo mismo que estar letárgico?
No.
Esta diferencia es especialmente importante.
Un perro que duerme tranquilamente pero se despierta con facilidad y, una vez despierto, come, pasea, juega y se comporta con normalidad no es lo mismo que un perro letárgico.
La letargia implica una disminución anormal del nivel de actividad y respuesta. El animal puede mostrarse apagado, débil, poco interesado en interactuar o reticente a realizar actividades que antes disfrutaba.
Muchas enfermedades producen letargia y, desde fuera, el propietario puede interpretarla inicialmente como «mi perro duerme demasiado».
Hipotiroidismo
El hipotiroidismo es una enfermedad endocrina relativamente frecuente en perros y puede provocar una reducción del metabolismo.
Entre sus manifestaciones más características se encuentran letargia, menor tolerancia al ejercicio, aumento de peso sin un aumento proporcional del apetito y diferentes alteraciones de piel y pelo.

Un perro con hipotiroidismo puede parecer más dormilón porque pasa más tiempo inactivo, pero el exceso de sueño por sí solo no permite diagnosticar esta enfermedad.
El diagnóstico necesita exploración veterinaria y análisis específicos de función tiroidea.
Diabetes y otras enfermedades metabólicas
La diabetes mellitus también puede provocar debilidad o letargia, aunque sus signos más característicos son aumento de la sed, mayor producción de orina, alteraciones del apetito y pérdida de peso.
Otras enfermedades endocrinas, alteraciones de órganos internos, anemia, infecciones y numerosos procesos sistémicos pueden hacer que un perro tenga menos energía.
Por eso no resulta útil intentar identificar una enfermedad concreta basándose únicamente en que duerme más.
Dolor y problemas de movilidad
Un perro con dolor puede reducir su actividad y pasar más tiempo tumbado.
Es especialmente importante tenerlo en cuenta en perros mayores con osteoartritis u otros problemas musculoesqueléticos.
A veces no existe una cojera evidente. El propietario puede observar simplemente que el perro tarda más en levantarse, evita las escaleras, ya no quiere saltar al sofá, acorta los paseos o descansa mucho más que antes.
Un cambio de este tipo merece valoración veterinaria porque existen diferentes estrategias para controlar el dolor y mejorar la movilidad.
Síndrome de disfunción cognitiva
En perros de edad avanzada puede aparecer el síndrome de disfunción cognitiva, un proceso relacionado con el envejecimiento cerebral.
Entre los signos que pueden presentarse están la desorientación, cambios en las interacciones sociales, alteraciones del aprendizaje, ansiedad, cambios de actividad y modificaciones del ciclo sueño-vigilia.

Un perro que empieza a dormir mucho durante el día pero se muestra inquieto, camina sin rumbo o se despierta repetidamente durante la noche debería ser evaluado.
¿Y la narcolepsia?
La narcolepsia no consiste simplemente en que un perro duerma muchas horas al día.
Es un trastorno neurológico poco frecuente en el que aparecen episodios repentinos de sueño o colapso, a menudo mientras el perro está realizando alguna actividad, comiendo, jugando o se encuentra especialmente excitado.
Puede presentarse asociada a cataplexia, que provoca una pérdida brusca del tono muscular. Los episodios suelen durar segundos o minutos y después el perro recupera su comportamiento habitual.

Cuando esté publicado el nuevo artículo, aquí enlazaría:
Narcolepsia y cataplexia en perros: síntomas, causas y tratamiento
No utilizaría ya el término «hipersomnia» como si fuese una enfermedad canina genética caracterizada simplemente por dormir demasiado, ni mantendría la antigua lista de Labrador, Caniche, Beagle y Pinscher Miniatura.
¿Cuándo debemos preocuparnos?
Lo que merece atención no es únicamente el número de horas, sino el cambio respecto al patrón habitual del perro y la existencia de otros signos.
Conviene consultar con el veterinario si el aumento del sueño aparece junto con pérdida de apetito, cambios importantes de peso, aumento de sed u orina, vómitos o diarrea, fiebre, dolor, dificultad para moverse, problemas respiratorios, debilidad, desorientación, colapsos o episodios en los que el perro resulta difícil de despertar.
También merece revisión un perro que, sin otros síntomas evidentes, ha cambiado de forma marcada y persistente su nivel habitual de actividad y descanso.
Qué hacer si mi perro duerme más de lo habitual
No es recomendable intentar mantener despierto a un perro simplemente porque pensemos que duerme demasiado.
Primero debemos observar si el descanso forma parte de un comportamiento normal o si existe una verdadera disminución de su actividad.
Puede ser útil comprobar durante unos días cuánto duerme, cuándo lo hace, cómo se comporta al despertarse, si mantiene apetito y sed normales y si continúa disfrutando de paseos, juego e interacción.
También podemos grabar cualquier episodio extraño, especialmente si existe dificultad para despertar al animal, movimientos anormales, colapsos o pérdidas repentinas de fuerza.
Esta información puede resultar muy útil durante la consulta veterinaria.
Cada perro tiene su propio patrón de sueño
Los perros necesitan dormir y descansar durante buena parte del día y no existe una cifra única que separe automáticamente lo normal de lo patológico.
La edad, actividad, salud, ambiente y rutinas influyen en cuánto y cuándo duerme cada animal.
Por eso, conocer los hábitos normales de nuestro perro es una de las mejores herramientas para detectar cambios.
Si duerme más pero al despertarse mantiene su energía, apetito, movilidad y comportamiento habituales, probablemente no exista motivo de alarma. Si el cambio es repentino, persistente o aparece acompañado de otros síntomas, lo adecuado es consultar con el veterinario.






























