Las almohadillas de los perros están preparadas para soportar el contacto continuo con el suelo, amortiguar parte de los impactos que se producen al caminar o correr y proteger los tejidos de las patas. Sin embargo, su resistencia no significa que sean inmunes a las heridas.
El asfalto caliente, las superficies abrasivas, una caminata más larga de lo habitual, pequeños cristales o espigas, la humedad mantenida o determinados problemas dermatológicos pueden provocar grietas, erosiones, cortes e inflamación.
Revisar periódicamente las patas y adquirir algunos hábitos sencillos después de los paseos ayuda a detectar estos problemas antes de que se agraven.
¿Cómo son las almohadillas de los perros?
Las almohadillas plantares están recubiertas por una epidermis gruesa y queratinizada adaptada para entrar en contacto con el terreno.
Además de proteger los tejidos de la pata, ayudan a amortiguar las fuerzas que se producen durante la marcha, la carrera y los saltos y proporcionan una superficie de apoyo adaptada al desplazamiento por terrenos diferentes.
A pesar de esta resistencia, las almohadillas pueden dañarse por fricción, temperaturas extremas, traumatismos o problemas cutáneos. Además, la zona situada entre los dedos también puede sufrir inflamación, heridas e infecciones.
Por eso no debemos fijarnos únicamente en la superficie de las almohadillas: durante una revisión conviene observar también los espacios interdigitales, las uñas y el pelo situado entre los dedos.

¿Por qué aparecen heridas en las almohadillas?
Las causas son muy variadas y no todas las lesiones tienen el mismo aspecto ni necesitan el mismo tratamiento.
Rozaduras y exceso de ejercicio
Una caminata larga, correr durante mucho tiempo sobre una superficie abrasiva o aumentar bruscamente la actividad de un perro poco acostumbrado al ejercicio puede producir irritaciones y erosiones.

El riesgo aumenta cuando el animal realiza una actividad mucho más intensa de la habitual. Por este motivo, las rutas largas y el ejercicio exigente deberían introducirse progresivamente, teniendo en cuenta la condición física y el terreno.
Si durante una excursión el perro comienza a cojear, se detiene repetidamente o se lame una pata, conviene revisar las almohadillas antes de continuar.
Cortes y cuerpos extraños
Cristales, fragmentos metálicos, piedras afiladas, espigas, astillas y otros elementos pueden provocar cortes o quedar introducidos entre los dedos.
Después de pasear por el campo o por zonas con abundante vegetación resulta recomendable comprobar las patas, especialmente si el perro comienza de repente a cojear o lamerse insistentemente una zona.
Los cuerpos extraños profundamente clavados no deben extraerse a la fuerza si existe riesgo de aumentar la lesión. En estos casos es preferible acudir al veterinario.
Quemaduras por superficies calientes
Durante el verano, el pavimento puede alcanzar temperaturas muy elevadas y provocar lesiones en las almohadillas.
Debemos evitar los paseos prolongados sobre superficies excesivamente calientes y priorizar horarios y terrenos más seguros cuando las temperaturas sean elevadas.
Una almohadilla enrojecida, dolorosa, erosionada, con ampollas, zonas desprendidas o cambios importantes de color necesita valoración veterinaria.
El frío extremo también puede dañar las patas. Además, durante el invierno hay que tener en cuenta la posible presencia en calles y carreteras de sal u otros productos utilizados contra el hielo, que pueden irritar la piel y quedar adheridos a las patas.

Lluvia, barro y humedad: cómo cuidar las almohadillas en otoño
Con la llegada de las lluvias es frecuente que los perros regresen de sus paseos con barro y las patas mojadas.
La humedad ocasional no supone por sí misma un problema, pero mantener durante mucho tiempo húmeda la piel de los espacios interdigitales puede favorecer la maceración y alterar su barrera protectora.
Las zonas interdigitales son además áreas en las que puede producirse un mayor crecimiento microbiano cuando cambian las condiciones normales de la piel.
Por ello, después de un paseo con lluvia o barro conviene retirar la suciedad y secar correctamente las patas, especialmente entre los dedos.
No es necesario desinfectar las patas cada vez que el perro sale a la calle. Si únicamente presentan tierra o barro, normalmente será suficiente utilizar agua o un paño humedecido y secarlas después.
Este momento también sirve para comprobar que no existen pequeñas heridas, grietas, espigas, piedras u otros cuerpos extraños.
¿Cómo limpiar las patas y las almohadillas?
La limpieza debe adaptarse al grado de suciedad.
Si las patas están ligeramente sucias puede bastar con un paño húmedo. Cuando existe barro adherido podemos utilizar agua templada y, si realmente es necesario, un producto de higiene específicamente formulado para perros.
Después hay que secar bien la superficie de las almohadillas y prestar especial atención a la piel situada entre los dedos.
No debemos convertir la limpieza habitual en una desinfección agresiva.
Productos como alcohol, agua oxigenada, mezclas caseras de vinagre o limón y aceites esenciales no son necesarios para la higiene rutinaria de las patas y pueden irritar la piel o presentar otros riesgos.

El pelo entre los dedos también necesita atención
Algunos perros presentan bastante pelo alrededor y entre las almohadillas.
Cuando crece en exceso puede favorecer que barro, pequeñas semillas, nieve o humedad permanezcan más tiempo en contacto con la pata.
Puede ser conveniente mantenerlo controlado, pero el recorte debe realizarse con cuidado para no provocar pequeñas lesiones en una zona muy sensible.
Si existe inflamación, heridas o un problema dermatológico, es preferible no manipular ni rasurar intensamente la zona y consultar previamente con el veterinario.
¿Por qué mi perro se lame mucho las patas?
El lamido ocasional forma parte del comportamiento normal de aseo. El problema aparece cuando se vuelve insistente.
Un perro puede lamerse repetidamente por dolor, picor, presencia de un cuerpo extraño, irritación, alergia o infección.
Además, el propio lamido puede mantener húmeda la piel y provocar más irritación, creando un círculo difícil de romper.
Si observamos enrojecimiento, inflamación, mal olor, secreciones, heridas o lamido recurrente, conviene investigar la causa en lugar de limitarse a impedir que el perro se lama.
Las dermatitis alérgicas son una de las posibles causas de problemas recurrentes en la zona interdigital, pero existen muchas otras y el tratamiento dependerá del origen.

¿Qué es la pododermatitis?
El término pododermatitis describe una inflamación de la piel de las patas y no una única enfermedad.
Puede afectar a los espacios interdigitales y aparecer asociada a alergias, infecciones bacterianas o por levaduras, parásitos, cuerpos extraños, traumatismos y otros problemas.
Entre los signos que podemos observar se encuentran enrojecimiento, inflamación, dolor, picor, lamido constante, nódulos, heridas, secreción o mal olor.
Los problemas recurrentes requieren valoración veterinaria porque tratar únicamente una infección secundaria sin identificar la causa que la está favoreciendo puede hacer que vuelva a aparecer.
¿Cómo cuidar unas almohadillas secas o agrietadas?
Una cierta rugosidad es normal. Las almohadillas no tienen que presentar la misma textura que nuestra piel.
Sin embargo, cuando observamos una sequedad excesiva, grietas o engrosamientos importantes conviene averiguar el motivo.
Para el mantenimiento de una almohadilla seca pueden utilizarse productos hidratantes o protectores específicamente formulados para perros, siempre siguiendo sus indicaciones.
No es recomendable aplicar indiscriminadamente cremas destinadas a personas. Los perros pueden lamer el producto y algunos preparados de uso humano contienen principios activos o ingredientes que no son adecuados para ellos.
Tampoco debemos aplicar cremas, pomadas o remedios caseros sobre una herida abierta sin indicación veterinaria.
Cuando el engrosamiento es marcado y persistente puede existir una hiperqueratosis de las almohadillas u otra alteración dermatológica que requiera diagnóstico.

¿Cómo actuar ante una herida en la almohadilla?
Las almohadillas soportan el peso del animal y están sometidas a movimiento y contacto constante con el suelo, por lo que incluso heridas aparentemente sencillas pueden resultar molestas y tardar en cicatrizar.
Ante una lesión superficial podemos retirar cuidadosamente la suciedad visible y aclarar la zona con agua limpia o suero fisiológico.
Si existe sangrado, puede aplicarse una presión suave y continua con una gasa o paño limpio.
No debemos utilizar de forma rutinaria agua oxigenada, alcohol u otros desinfectantes agresivos sobre una herida. Tampoco conviene aplicar pomadas o medicamentos sin conocer primero la naturaleza de la lesión.
Los vendajes de las patas necesitan especial precaución. Un vendaje demasiado apretado, húmedo o mantenido durante demasiado tiempo puede producir complicaciones, por lo que una herida que necesite permanecer cubierta debería ser valorada por un profesional.
¿Cuándo hay que acudir al veterinario?
Una herida profunda, una parte de la almohadilla desprendida, una hemorragia que no se detiene mediante presión, una quemadura, un cuerpo extraño profundamente clavado o una lesión que impide al perro apoyar correctamente la pata necesitan atención veterinaria.
También debemos consultar cuando aparecen inflamación importante, secreciones, mal olor, dolor, cambios de color, cojera persistente o lamido continuo.
Lo mismo ocurre cuando las lesiones reaparecen con frecuencia. Las heridas recurrentes en las patas pueden estar relacionadas con alergias, infecciones, alteraciones de la queratinización, problemas anatómicos u otras enfermedades que requieren un tratamiento específico.
Cómo prevenir problemas en las almohadillas
La mejor prevención consiste en adaptar la actividad al perro y revisar periódicamente sus patas.
Antes de una excursión larga conviene aumentar progresivamente la distancia y comprobar el estado de las almohadillas. Durante los meses de calor hay que evitar los pavimentos excesivamente calientes, y en invierno debemos prestar atención al hielo y a los productos utilizados para tratar carreteras y aceras.
Después de caminar por zonas con barro, vegetación densa o terrenos irregulares podemos revisar y limpiar las patas y retirar cualquier suciedad acumulada.
En épocas lluviosas es especialmente útil secar bien los espacios interdigitales al regresar a casa.
Los botines para perros pueden ser útiles en determinadas situaciones —terrenos especialmente agresivos, temperaturas extremas o ciertas lesiones—, pero deben ajustarse correctamente y mantenerse limpios y secos.

Las patas también forman parte de la revisión diaria
Observar las almohadillas requiere apenas unos segundos y puede evitar que una pequeña molestia se convierta en un problema mayor.
Cortes, grietas, inflamaciones y cuerpos extraños suelen detectarse antes si acostumbramos al perro desde pequeño a que manipulemos suavemente sus patas.
La limpieza después de los paseos no tiene que convertirse en una rutina agresiva de desinfección. Retirar la suciedad, secar bien cuando existe humedad y observar cualquier cambio son las medidas básicas para mantener las almohadillas en buen estado.
Y cuando aparecen dolor, cojera, heridas importantes o problemas recurrentes, el veterinario debe determinar la causa y el tratamiento más adecuado.






























