No significa que el cambio de estación vaya a provocar problemas de salud, pero sí es un buen momento para revisar algunas rutinas de alimentación, ejercicio, cuidado del pelo, prevención antiparasitaria e hidratación, prestando especial atención a cachorros, animales senior y mascotas con enfermedades crónicas.
La muda de otoño en perros y gatos
Uno de los cambios más visibles durante estos meses es la muda estacional del pelo.
El crecimiento y renovación del pelaje están condicionados por diferentes factores, entre ellos la genética, las hormonas, la temperatura y especialmente el fotoperiodo, es decir, las horas de luz que recibe el animal. Por este motivo, muchos perros y gatos presentan periodos de muda más intensos a comienzos de primavera y otoño.
Durante el otoño se desprende parte del pelo correspondiente a los meses más cálidos mientras se desarrolla un manto más adecuado para las temperaturas siguientes.
La intensidad de este proceso puede variar enormemente según la raza, el tipo de pelo, el entorno y el estilo de vida. Un animal que pasa bastante tiempo en el exterior puede tener una muda estacional muy marcada, mientras que perros y gatos que viven principalmente dentro de casa, expuestos a calefacción e iluminación artificial, pueden perder pelo de manera mucho más continua durante todo el año.
Por tanto, encontrar más pelo de lo habitual durante unas semanas puede ser completamente normal.
Cepillar más durante la muda
El cepillado regular ayuda a retirar el pelo muerto antes de que termine distribuido por la casa y permite además revisar el estado de la piel.
En perros, la frecuencia dependerá especialmente de la longitud, densidad y características del manto. Los animales con abundante subpelo pueden necesitar un cepillado mucho más frecuente durante las semanas de mayor muda.

En los gatos también resulta especialmente útil. Al retirar pelo suelto reducimos la cantidad que el animal ingiere durante su propio acicalamiento y, con ello, podemos ayudar a disminuir la formación de bolas de pelo.
El cepillado también permite detectar antes problemas como irritación de la piel, heridas, bultos o presencia de parásitos.
Lo que no es necesario es administrar de forma rutinaria complementos nutricionales simplemente porque el animal esté mudando. Una mascota sana que recibe una alimentación completa y equilibrada debería disponer de los nutrientes necesarios para mantener piel y pelo en buenas condiciones.
Si la caída del pelo es excesiva, aparecen zonas sin pelo, picor, enrojecimiento, descamación o lesiones cutáneas, ya no debemos atribuirlo simplemente a la muda y conviene consultar al veterinario.
¿Cambian perros y gatos su comportamiento en otoño?
Los cambios de luz y temperatura pueden influir en los ritmos diarios de los animales, pero no todos los perros y gatos reaccionan del mismo modo.
Con temperaturas más agradables después del verano, algunos perros pueden incluso mostrarse más activos durante los paseos, especialmente después de haber limitado el ejercicio durante las horas más calurosas.
En casa sí podemos observar que determinados animales comienzan a buscar lugares más cálidos para descansar a medida que bajan las temperaturas.

Los gatos son especialmente aficionados a localizar rincones confortables, zonas soleadas, mantas o lugares próximos a fuentes de calor.
Podemos adaptar sus zonas de descanso a la nueva estación ofreciendo una cama seca, cómoda y protegida de corrientes de aire, pero evitando colocarla en contacto directo con radiadores, estufas u otras fuentes capaces de producir quemaduras o sobrecalentamiento.
Otoño no significa que haya que aumentar la comida
Una de las afirmaciones que conviene desterrar es que todos los perros y gatos necesitan comer más en otoño para prepararse para el invierno.
En una mascota que vive dentro de una vivienda climatizada, las necesidades energéticas pueden cambiar muy poco entre estaciones.
La cantidad de alimento debe ajustarse fundamentalmente a factores como el peso, la condición corporal, edad, esterilización, actividad física y estado de salud. Incluso entre dos animales del mismo peso pueden existir diferencias importantes en las calorías necesarias para mantener una condición corporal adecuada.
Por tanto, no deberíamos aumentar automáticamente las raciones porque haya llegado el otoño.
Si el cambio de estación coincide con una reducción de la actividad física y mantenemos o aumentamos las mismas calorías, el resultado puede ser precisamente el contrario del deseado: ganancia de peso.
Lo recomendable es vigilar periódicamente el peso y la condición corporal y adaptar la cantidad de alimento cuando realmente sea necesario.
Mantener el ejercicio aunque bajen las temperaturas
Que los días sean más cortos tampoco debe convertirse en una excusa para eliminar el ejercicio.
Los perros necesitan mantener una actividad adaptada a su edad, tamaño y estado de salud durante todo el año. En otoño, además, las temperaturas moderadas permiten recuperar paseos más largos o realizarlos en horarios que durante el verano podían resultar demasiado calurosos.

Con menos horas de luz, conviene extremar la precaución en los paseos que se realizan al amanecer o después del anochecer. Collares, correas o elementos reflectantes pueden facilitar que el perro resulte visible para peatones, ciclistas y conductores.
Los gatos de interior también necesitan actividad. Juego, rascadores, estructuras verticales, búsqueda de alimento y otros recursos de enriquecimiento ambiental ayudan a mantenerlos activos física y mentalmente.
Especial atención a perros y gatos sénior
Los cambios de temperatura merecen mayor atención cuando convivimos con un perro o gato de edad avanzada.
La osteoartritis y otros problemas de movilidad son especialmente frecuentes entre los animales senior y pueden provocar rigidez, dolor y menor disposición a moverse. En los gatos estas molestias pueden ser además difíciles de detectar porque suelen manifestarse mediante cambios sutiles de comportamiento.
Algunos animales mayores también toleran peor las temperaturas bajas.
Una cama cómoda y protegida de corrientes, superficies antideslizantes y un entorno que facilite el acceso a sus lugares habituales puede mejorar mucho su confort.
Pero tampoco es conveniente fomentar un sedentarismo absoluto. El ejercicio regular y de bajo impacto ayuda a mantener la musculatura y movilidad de los animales senior, siempre adaptándolo a sus posibilidades.
Si observamos dificultad para levantarse, cojera, resistencia a subir escaleras, reducción de los saltos, cambios en la postura, irritabilidad o menos interés por pasear o jugar, conviene solicitar una valoración veterinaria.
Los parásitos no desaparecen al terminar el verano
Otro error frecuente es abandonar automáticamente la protección antiparasitaria cuando termina el verano.
La actividad de pulgas, garrapatas, mosquitos y otros vectores depende de las condiciones ambientales y del lugar donde vivimos, no simplemente de la fecha del calendario.
Las pulgas, por ejemplo, pueden mantener su ciclo durante todo el año dentro de viviendas climatizadas. Y en España la actividad de los flebotomos transmisores de la leishmaniosis puede prolongarse generalmente desde primavera hasta aproximadamente noviembre, con variaciones importantes según la región y las condiciones meteorológicas.
Por ello, no debemos suspender la desparasitación simplemente porque haya llegado octubre.
El veterinario puede establecer el plan preventivo más adecuado atendiendo a la zona geográfica, estilo de vida, viajes y características del animal. ESCCAP España mantiene además tablas actualizadas de los antiparasitarios autorizados para perros y gatos en nuestro país.
Lluvia, humedad y vuelta a casa
El otoño suele traer también más días de lluvia.
Después de un paseo bajo el agua conviene secar correctamente al perro, prestando atención a patas, espacios interdigitales y zonas donde el pelo retenga humedad.
No es necesario bañar al animal cada vez que se moja. En muchos casos basta con retirar barro y suciedad y secar adecuadamente el manto.
Este momento puede aprovecharse además para revisar almohadillas y patas en busca de pequeñas heridas, cuerpos extraños o irritaciones.
En perros con abundante pelo o problemas dermatológicos previos resulta especialmente importante evitar que determinadas zonas permanezcan húmedas durante largos periodos.c
La hidratación sigue siendo esencial en otoño
La llegada del frío no elimina las necesidades de agua de perros y gatos.
Los animales necesitan mantener una correcta hidratación durante todo el año para que su organismo pueda desarrollar sus funciones con normalidad.
Por eso deben disponer siempre de agua fresca, potable y fácilmente accesible.
Es posible que algunos animales beban menos que durante episodios de calor intenso, pero eso no justifica restringirles el acceso al agua.
También debemos continuar cambiándola regularmente y limpiando los recipientes. Renovar el agua no sustituye al lavado del bebedero, porque en sus superficies puede acumularse biofilm.
¿Hace falta llevar a nuestra mascota al veterinario cuando llega el otoño?
No es necesario realizar una consulta veterinaria únicamente porque haya cambiado la estación si el animal está sano y mantiene sus revisiones habituales.
Sin embargo, el otoño puede ser un buen momento para comprobar que están al día las medidas preventivas y prestar especial atención a animales mayores o con enfermedades crónicas.
Las guías de atención a mascotas senior recomiendan controles periódicos para detectar precozmente enfermedades y cambios de movilidad, peso, comportamiento o función orgánica que pueden pasar inicialmente desapercibidos.
Si observamos pérdida o aumento significativo de peso, apatía persistente, alteraciones importantes del apetito o la sed, dificultad para respirar, problemas de movilidad, lesiones cutáneas o cualquier otro cambio llamativo, no debemos atribuirlo simplemente al otoño.
Preparar a perros y gatos para el cambio de estación
El otoño no tiene por qué ser una época especialmente problemática para nuestras mascotas.
La mayoría de los perros y gatos se adaptan perfectamente al descenso de temperaturas y a las nuevas condiciones ambientales. Nuestra labor consiste principalmente en acompañar esos cambios sin exagerarlos: ayudarles durante la muda, mantener una alimentación ajustada a sus necesidades reales, continuar con el ejercicio, ofrecer zonas cómodas de descanso, no olvidar la protección antiparasitaria y garantizar agua fresca durante todo el año.
Los animales senior o con enfermedades crónicas requieren algo más de vigilancia, pero tampoco necesitan convertirse en mascotas sedentarias durante los meses fríos.
Observar cualquier cambio respecto a su comportamiento habitual continúa siendo una de las mejores herramientas para detectar a tiempo que algo no va bien.






























