Su importancia y pronóstico son muy variables. Un perro puede tener una alteración cardiaca durante años sin mostrar síntomas, mientras que otras enfermedades pueden evolucionar hasta provocar arritmias o insuficiencia cardiaca congestiva.
Por ello, detectar una cardiopatía no significa necesariamente que el perro padezca ya insuficiencia cardiaca. Esta última aparece cuando el corazón deja de ser capaz de mantener adecuadamente la circulación y se producen consecuencias como acumulación de líquido en los pulmones o en el abdomen.
La edad, la raza, el tamaño y la predisposición genética pueden influir en el riesgo de desarrollar determinadas enfermedades cardiacas. Por ejemplo, la degeneración mixomatosa de la válvula mitral es especialmente frecuente en perros pequeños y de edad avanzada, mientras que la miocardiopatía dilatada aparece con mayor frecuencia en determinadas razas grandes y gigantes.
Cardiopatías congénitas y adquiridas: ¿en qué se diferencian?
Desde el punto de vista de su origen, las cardiopatías caninas pueden dividirse en dos grandes grupos.
Las cardiopatías congénitas son anomalías que están presentes desde el nacimiento, aunque no siempre se detectan inmediatamente. En los perros su prevalencia global es relativamente baja —inferior al 1 % según el Manual Veterinario Merck— y entre las más frecuentes se encuentran el conducto arterioso persistente, la estenosis pulmonar y la estenosis aórtica o subaórtica.
Las cardiopatías adquiridas, en cambio, se desarrollan durante la vida del perro. Entre ellas destacan la degeneración valvular mixomatosa y la miocardiopatía dilatada.
Que una enfermedad sea adquirida no significa necesariamente que carezca de componente hereditario. Algunas cardiopatías aparecen clínicamente durante la edad adulta pero presentan una marcada predisposición genética en determinadas razas.

Degeneración mixomatosa de la válvula mitral: la cardiopatía más frecuente
La degeneración mixomatosa de la válvula mitral (DMVM), también denominada enfermedad valvular degenerativa o tradicionalmente endocardiosis, es la enfermedad cardiaca más habitual en los perros.
Afecta principalmente a perros pequeños y de edad avanzada. Existe una predisposición especialmente conocida en el Cavalier King Charles Spaniel y también se ha demostrado un componente hereditario en el Teckel.
La enfermedad provoca una degeneración y engrosamiento progresivo de las valvas, que pueden llegar a prolapsar y dejar de cerrar correctamente. Como consecuencia, parte de la sangre vuelve desde el ventrículo izquierdo hacia la aurícula izquierda durante cada contracción.
Este flujo retrógrado recibe el nombre de regurgitación mitral y es el responsable del característico soplo que puede detectar el veterinario mediante auscultación.
A medida que la enfermedad avanza pueden aumentar de tamaño la aurícula y el ventrículo izquierdos. Sin embargo, muchos perros permanecen durante años en una fase asintomática y no todos desarrollan insuficiencia cardiaca congestiva.
Cuando finalmente aparece insuficiencia cardiaca izquierda puede acumularse líquido en los pulmones —edema pulmonar— y aparecer respiración acelerada o dificultosa, intolerancia al ejercicio y otros síntomas.
Miocardiopatía dilatada en perros
La miocardiopatía dilatada (MCD) es una enfermedad del músculo cardiaco caracterizada fundamentalmente por una pérdida progresiva de su capacidad para contraerse.
El corazón bombea con menor eficacia y, como consecuencia, las cavidades cardiacas pueden dilatarse progresivamente.
Es una enfermedad especialmente asociada a perros de raza grande o gigante. Entre las razas predispuestas se encuentran el Dóberman Pinscher, Gran Danés, Bóxer, Lobero Irlandés, Terranova y San Bernardo, entre otras.
En algunos perros existe una base genética conocida o sospechada. También existen formas secundarias de disfunción miocárdica relacionadas con determinados déficits nutricionales, agentes infecciosos o sustancias cardiotóxicas, como algunos medicamentos utilizados en quimioterapia.
Una particularidad importante de la MCD es que puede presentar una fase subclínica prolongada, durante la cual el perro aparentemente está sano. Determinadas razas predispuestas pueden desarrollar arritmias antes de mostrar signos evidentes de insuficiencia cardiaca.

¿Existe la miocardiopatía hipertrófica en perros?
Sí, pero es importante corregir una confusión frecuente.
La miocardiopatía hipertrófica (MCH) se caracteriza por un engrosamiento anormal del músculo cardiaco, especialmente de las paredes del ventrículo izquierdo. No consiste en una dilatación de esa pared.
Además, la MCH es una enfermedad muy frecuente en los gatos, pero es poco habitual en los perros. En medicina cardiaca canina tiene mucha mayor importancia la miocardiopatía dilatada.
Conducto arterioso persistente (CAP)
El conducto arterioso es un vaso sanguíneo normal durante el desarrollo fetal que comunica la arteria pulmonar con la aorta y permite que la sangre evite unos pulmones que todavía no funcionan.
Tras el nacimiento y el inicio de la respiración, este conducto debe cerrarse.
Cuando permanece abierto se produce el denominado conducto arterioso persistente (CAP o PDA), una de las cardiopatías congénitas más habituales en perros.
En su presentación más frecuente, el CAP provoca un exceso de flujo sanguíneo hacia la circulación pulmonar y una sobrecarga de las cavidades izquierdas del corazón. Sin tratamiento puede terminar produciendo insuficiencia cardiaca.
La buena noticia es que muchas veces puede corregirse definitivamente. El conducto puede cerrarse mediante cirugía o, en pacientes adecuados, mediante técnicas mínimamente invasivas que introducen a través de un catéter un dispositivo destinado a ocluirlo.
Cuando el CAP se diagnostica pronto y mantiene el flujo habitual de izquierda a derecha, la corrección suele ser el tratamiento recomendado y puede proporcionar un excelente resultado.
Estenosis pulmonar
La estenosis pulmonar es otra de las cardiopatías congénitas más frecuentes.
Consiste en una obstrucción a la salida de la sangre desde el ventrículo derecho hacia la arteria pulmonar. Generalmente está provocada por una anomalía de la válvula pulmonar, aunque la obstrucción también puede localizarse por debajo o por encima de ella.
El ventrículo derecho tiene que ejercer una presión superior para impulsar la sangre a través de la zona estrechada. En los casos moderados o graves esto puede provocar hipertrofia ventricular, intolerancia al ejercicio, desmayos y, en situaciones avanzadas, insuficiencia cardiaca derecha.
En determinados tipos de estenosis pulmonar moderada o grave puede realizarse una valvuloplastia con balón, introduciendo un catéter hasta la válvula y expandiendo un pequeño balón para aumentar la abertura disponible para el paso de la sangre.

Estenosis aórtica y subaórtica
En la estenosis aórtica existe una obstrucción al flujo de sangre que sale del ventrículo izquierdo hacia la aorta.
En los perros es especialmente frecuente la estenosis subaórtica, en la que se forma tejido fibroso por debajo de la válvula aórtica. Se observa principalmente en algunas razas grandes.
Los casos leves pueden no producir síntomas importantes, mientras que las formas graves aumentan considerablemente el esfuerzo que debe realizar el corazón y pueden asociarse a intolerancia al ejercicio, síncopes, arritmias o muerte súbita.
El tratamiento depende de la gravedad y de las características concretas de cada paciente y no existe para todos los casos una intervención correctora equivalente a la que puede utilizarse en el CAP o en algunos tipos de estenosis pulmonar.
Defectos del tabique cardiaco
El corazón está dividido internamente por tabiques que separan las cavidades derechas de las izquierdas.
Cuando existe una abertura anormal entre ambos ventrículos se habla de comunicación interventricular o defecto del septo ventricular. Si la comunicación se encuentra entre las aurículas se denomina defecto del septo auricular o comunicación interauricular.
La repercusión dependerá principalmente del tamaño del defecto y de la cantidad y dirección del flujo sanguíneo que lo atraviese.
Los defectos interventriculares forman parte de las cardiopatías congénitas reconocidas en perros, mientras que los defectos interauriculares son menos frecuentes.
Displasia de las válvulas mitral y tricúspide
Las válvulas mitral y tricúspide controlan el paso de sangre entre las aurículas y los ventrículos.
En algunos perros estas válvulas se desarrollan de forma anormal desde el nacimiento. Son las denominadas displasias valvulares congénitas.
La válvula mitral se encuentra entre la aurícula y el ventrículo izquierdos, mientras que la tricúspide separa las cavidades derechas.
Estas malformaciones pueden impedir un cierre correcto y provocar regurgitación sanguínea. Su repercusión clínica puede variar considerablemente desde alteraciones leves hasta una cardiopatía importante.
Un soplo cardiaco no es una cardiopatía
Este punto es importante porque el término suele generar confusión.
Un soplo cardiaco no es una enfermedad en sí misma ni significa que el corazón esté «bombeando con más fuerza».
Es un sonido adicional producido por un flujo sanguíneo turbulento, que el veterinario escucha mediante el fonendoscopio.
Un soplo puede aparecer debido a una enfermedad valvular, una cardiopatía congénita u otras alteraciones cardiovasculares, aunque también existen soplos inocentes o fisiológicos, especialmente en cachorros muy jóvenes.
Muchos de estos soplos inocentes desaparecen durante los primeros meses de vida. Sin embargo, un soplo intenso, persistente, continuo o diastólico en un cachorro debe estudiarse para descartar una cardiopatía congénita.
Por tanto, encontrar un soplo no permite por sí solo determinar la gravedad de una enfermedad: será necesario estudiar cuál es su causa.
¿Qué síntomas pueden indicar una cardiopatía en un perro?
Muchas enfermedades cardiacas permanecen asintomáticas durante una primera etapa. Cuando aparecen signos clínicos pueden incluir:
- menor tolerancia al ejercicio o cansancio anormal;
- debilidad;
- tos;
- aumento de la frecuencia respiratoria;
- dificultad o mayor esfuerzo para respirar;
- desmayos o pérdidas breves de conciencia;
- distensión del abdomen por acumulación de líquido;
- reducción del apetito o pérdida de peso.
Es importante recordar que la tos no siempre tiene origen cardiaco. Enfermedades respiratorias pueden producir síntomas muy similares, por lo que no debe diagnosticarse una cardiopatía únicamente por la presencia de tos.
Un perro que presenta dificultad respiratoria importante, colapso, mucosas azuladas o un empeoramiento repentino necesita atención veterinaria urgente.

Cómo se diagnostican las enfermedades del corazón
El diagnóstico comienza con la historia clínica y la exploración veterinaria, incluyendo la auscultación del corazón y de los pulmones.
Dependiendo de los hallazgos, pueden utilizarse diferentes pruebas.
La ecocardiografía permite visualizar las cámaras, válvulas, grosor de las paredes y movimiento del corazón, además de estudiar mediante Doppler la dirección y velocidad del flujo sanguíneo.
Las radiografías de tórax ayudan a evaluar el tamaño y la silueta cardiaca y son especialmente útiles para detectar signos de congestión o acumulación de líquido en los pulmones.
El electrocardiograma (ECG) analiza la actividad eléctrica del corazón y permite detectar numerosas arritmias. Cuando estas aparecen de manera intermitente puede ser necesario utilizar un registro Holter durante un período prolongado.
En determinados casos pueden añadirse pruebas sanguíneas, biomarcadores como NT-proBNP, medición de la presión arterial u otras técnicas diagnósticas.
¿Cómo se tratan las cardiopatías en perros?
No existe un único tratamiento válido para todas las enfermedades cardiacas.
El tratamiento depende de qué cardiopatía existe, su gravedad y fase, la presencia o no de insuficiencia cardiaca, las posibles arritmias y las características del paciente.
Algunas cardiopatías congénitas pueden corregirse mediante cirugía o procedimientos intervencionistas. Es el caso de muchos conductos arteriosos persistentes y de determinadas estenosis pulmonares.
Otras enfermedades requieren seguimiento y tratamiento farmacológico.
En la degeneración mixomatosa de la válvula mitral se utilizan actualmente diferentes estadios para determinar cuándo es necesario comenzar el tratamiento. Un perro puede tener la enfermedad y un soplo durante años sin necesitar medicación específica.
Cuando existe ya un aumento determinado del tamaño cardiaco pero todavía no se han producido síntomas —el denominado estadio B2— las guías del American College of Veterinary Internal Medicine recomiendan pimobendan para retrasar la aparición de la insuficiencia cardiaca.
Cuando aparece insuficiencia cardiaca pueden ser necesarios diuréticos y otros fármacos destinados a controlar la congestión y mejorar el funcionamiento cardiovascular.
En la miocardiopatía dilatada pueden emplearse medicamentos destinados a mejorar la función de bombeo, controlar la insuficiencia cardiaca y tratar las arritmias cuando estén presentes.
Nunca deben administrarse medicamentos cardiacos a un perro sin prescripción veterinaria, ya que el tratamiento apropiado y las dosis dependen del diagnóstico y del estado concreto del animal.
Control de la respiración en perros con una cardiopatía
En perros a los que ya se ha diagnosticado una enfermedad cardiaca, el veterinario puede recomendar controlar en casa la frecuencia respiratoria mientras el animal duerme o permanece completamente relajado.
Es una medida sencilla que puede ayudar a detectar precozmente cambios relacionados con la aparición o empeoramiento de una insuficiencia cardiaca.
De manera general, una frecuencia respiratoria durante el sueño o el reposo tranquilo suele encontrarse entre 15 y 30 respiraciones por minuto. Una frecuencia persistentemente superior a 30 puede ser motivo para ponerse en contacto con el veterinario, especialmente en un perro que ya sufre una cardiopatía.
El valor debe interpretarse siempre dentro del contexto clínico del animal: ejercicio reciente, calor, estrés o dolor también pueden aumentar la respiración.
¿Qué pronóstico tiene un perro con una cardiopatía?
No es correcto asumir que un perro mayor con una cardiopatía o un cachorro con una anomalía congénita tienen necesariamente un mal pronóstico.
El resultado depende fundamentalmente de la enfermedad concreta y de su gravedad.
Algunas anomalías congénitas leves pueden permitir una vida prácticamente normal. En otras, como determinados casos de conducto arterioso persistente, una intervención temprana puede corregir el problema y ofrecer un pronóstico muy favorable.
Del mismo modo, muchos perros con degeneración mitral permanecen durante largos períodos sin insuficiencia cardiaca y pueden mantener una buena calidad de vida con controles periódicos y, cuando llega el momento, el tratamiento apropiado.
El diagnóstico precoz y el seguimiento veterinario son por tanto fundamentales para conocer la evolución de una cardiopatía y elegir el momento adecuado para intervenir.






























