Leishmania en gatos: Síntomas, tratamiento y prevención

Si bien los perros son los animales principalmente afectados por la leishmaniosis, esta también puede manifestarse en gatos de forma más ocasional. Repasamos cómo reaccionan estos animales ante esta enfermedad y cómo tratarla y prevenirla.

leishmania en gatos

Menos conocida que la leishmaniosis canina, pero igual de real. Esta enfermedad producida por la picadura del parásito Leishmania Infantum no es exclusiva de los perros y también afecta a los gatos si son atacados por este mismo organismo. Si bien los casos de felinos aquejados de esta enfermedad han sido siempre menores y ocasionales, con bastante menor frecuencia que en los perros, recientemente ha aumentado la cifra de gatos con leishmaniosis dado el aumento del número de estos como animales de compañía, según el Centro Nacional de Epidemiología. Sus últimos datos indican que son notificados 141 casos nuevos de animales con leishmania cada año en España, siendo la mayoría de ellos perros pero con cada vez más protagonismo de los gatos (con una incidencia muy baja todavía y dependiendo de las zonas del país, eso sí).

Con un sistema inmunitario potente y diferente al de los perros, aquellos felinos más debilitados por padecer otras enfermedades como la toxoplasmosis, han corrido más riesgo que otros más fortalecidos o con mejores condiciones de salud. Lo cierto es que sin picadura no puede generarse la infección, siendo el mosquito vector el que pica al animal infectado, lo que produce que el parásito madure en el insecto, que luego picará a otro animal sano, formando de esta forma la cadena que provoca la transmisión de esta enfermedad. En los gatos, incluso puede darse la particularidad que la picadura no provoque finalmente la enfermedad gracias a la fortaleza de su sistema inmunitario, que en ocasiones posee la capacidad de eliminar o controlar la infección y reducirla para que no sea más que un estado crónico asintomático. Esto explica que el porcentaje de gatos afectados o que desarrollen la enfermedad sea mínimo, siendo los afectados por otras enfermedades y que se encuentran más debilitados.

Síntomas de la leishmaniosis en gatos

La infección que produce esta enfermedad tiene un largo periodo de incubación que se manifiesta a través de síntomas como la aparición de lesiones cutáneas, siendo esta la sintomatología más habitual, como dermatitis, heridas o costras, nódulos en las almohadillas, aumento del tamaño de ganglios linfátics, etc. Los felinos también pueden lesiones en mucosas, aunque en menor medida, siendo más frecuentes los problemas oculares, tales como Conjuntivitis, Queratitis, Blefaritis o alopecias alrededor de los ojos.

gato y mariposa

Es menos habitual que se desarrolle en los gatos una afección visceral que provoque daños en el hígado o los riñones, aunque podría darse si el parásito se encuentra diseminado de manera generalizada, lo que puede causar insuficiencia hepática o renal y lesiones en el bazo, hígado o riñones. El síntoma principal en este caso sería el incremento de tamaño de los ganglios linfáticos y puede ir acompañado de apatía o pérdida de apetito, diarrea, sangrado de nariz, pérdida de peso, anorexia, vómitos, deshidratación o gingivitis crónica. Pero se incide en que es la forma menos común de leishmaniosis en gatos.

¿Cómo se diagnostica la leishmania en gatos?

Hay que tener en cuenta la imposibilidad de confirmar un diagnóstico simplemente mediante los síntomas por la ausencia de especificidad de los mismos. La recomendación clínica para los propietarios es la de actuar con rapidez en cuanto se detecta algunos de los síntomas mencionados y llevar al animal a la clínica más cercana para que su veterinario le examine lo antes posible. Se solicitará una analítica de sangre para comprobar la existencia del parásito y de anticuerpos generados por el organismo del gato, y es posible que se lleven a cabo citologías, biopsias o un PCR.

¿Qué tratamiento se recomienda? ¿Cómo prevenir la leishmania en gatos?

La medida más eficaz contra la leishmaniosis en gatos es la prevención. Si en el caso de los perros, existe la posibilidad de una vacuna, en los gatos nos encontramos con una situación diferente. Es por ello que las medidas preventivas se antojan fundamentales para ahuyentar al mosquito transmisor de la enfermedad y evitar el contacto con el mosquito flebótomo mediante remedios como el uso limitado de pipetas o collares insecticidas (por su toxicidad para los gatos) y siempre consultando previamente con el veterinario, mosquiteras en las ventanas o manteniendo al gato en el interior de la casa desde las horas finales del día hasta el amanecer, franja horaria en la que el flebótomo o mosquito transmisor tiene mayor presencia y peligro. También es posible reducir la exposición a la picadura empleando productos insecticidas y repelentes en la mascota y en el ambiente.

Como decimos, la prevalencia reducida de esta enfermedad en las mascotas felinas imposibilita que se hayan realizado tratamientos tan efectivos como los de la leishmaniosis en perros. Sí podemos encontrar medicamentos específicos que deben administrarse siempre mediante prescripción facultativa y que han sido probados con éxito.

leishmaniosis en gatos

Los veterinarios y profesionales sanitarios abogan por mantener siempre activo el sistema inmunitario de los gatos dada su fortaleza, por lo que evitar el contagio de otras enfermedades y ofrecerle los mejores cuidados se antoja fundamental. Recuerda que un simple constipado podría bajar sus defensas y dejarle más vulnerable ante un ataque del mosquito transmisor. Es recomendable también llevar a cabo controles regulares para detectar la infección a tiempo y, en el caso de haberla padecido y de haberse recuperado, para evitar un posible rebrote.

Además, conviene saber que el mosquito flebótomo se encuentra más presente en zonas con determinadas condiciones ambientales, con temperaturas cálidas o templadas y con una humedad ambiental elevada. España es por tanto uno de los países que cumple dichos parámetros en algunas de sus zonas, sobre todo durante el periodo que transcurre en los meses de abril a octubre. Pero si bien es habitual que una parte de la población felina se infecte por la picadura de este mosquito, por el momento sólo es una pequeña parte la que desarrolla la enfermedad. Ello no implica que como propietarios debamos estar atentos y llevar a cabo las medidas oportunas de prevención recomendadas por los veterinarios.

Resultados de un estudio sobre leishmaniosis felina en España

Un grupo de veterinarios españoles de Barcelona, Madrid, Alicante e Islas Baleares elaboraron un estudio retrospectivo para obtener más información acerca de la leishmaniosis en gatos y describir hallazgos clínicos sobre el diagnóstico, el tratamiento y los resultados de esta enfermedad en un total de 16 gatos en España. Los registros médicos de estos felinos diagnosticados con leishmaniosis se revisaron para los casos que cumplían requisitos de inclusión tales como la identificación de organismos y/o ADN de Leishmania en muestras citológicas o histológicas y la existencia de anticuerpos anti-leishmania u otras anormalidades patológicas.

Los 16 felinos que participaron en la investigación vivían en áreas endémicas para la leishmaniosis canina, manifestándose signos sistémicos en 11 de ellos (68.8%). Los signos clínicos más comunes incluyeron lesiones cutáneas en 12 gatos (75%), problemas oculares en seis de los mismos (37.5%) y anorexia en otros seis (37.5%). También se observó una gammapatía policlonal en 12 gatos (85.7%), anemia no regenerativa y anomalías renales en seis (37.5%) y cinco (31.3%), respectivamente. A su vez, se detectaron condiciones inmunosupresoras o comorbilidades en nueve felinos (56.3%), llevándose a cabo el diagnóstico en ocho de los gatos (50%) mediante citología, necesitándose una combinación de pruebas de diagnóstico para el definitivo en los pacientes restantes.

Si bien 12 de los gatos (75%) fueron tratados específicamente para la leishmaniosis, cinco de estos (41.7%) no mejoraron con el tratamiento, siendo de 17 meses la media del tiempo de supervivencia, de 13 en los pacientes tratados con enfermedades concomitantes y de 41 meses en aquellos que no las padecían, si bien este dato no fue significativo en la estadística.

El equipo de investigación veterinaria concluyó por tanto que la leishmaniosis felina es similar a la canina, pero con algunas características específicas tales como la aparición de lesiones cutáneas ulcerativas y nodulares como signos cutáneos predominantes. Además, los gatos con afecciones inmunosupresoras o enfermedades coexistentes estaban más comúnmente presentes que los que se encuentran con más frecuencia en perros, como el virus de la inmunodeficiencia felina, por lo que en referencia a este caso, según los expertos, es posible que sea necesario una combinación de pruebas de diagnóstico para un resultado definitivo.

Comentarios (1)

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muy buena la información.

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