Rickettsia, un parásito que amenaza a perros y personas

A través de la picadura de pulgas y garrapatas nuestros perros pueden verse atacados por la Rickettsia, una bacteria que está detrás de la fiebre de las Montañas Rocosas y de la fiebre botonosa del Mediterráneo, dos patologías que también pueden llegar a afectar a los seres humanos.

Uno de los riesgos que amenazan a nuestras mascotas, perros y gatos fundamentalmente, son los parásitos y entre ellos se encuentra uno de nombre casi impronunciable, Rickettsia, que se transmite a través de las picaduras producidas por pulgas y garrapatas.

Esta bacteria intracelular tiene la calificación de “agente zoonótico”, lo que significa que también puede afectar a los seres humanos, y es el origen de algunas enfermedades como la fiebre de las Montañas Rocosas y la denominada fiebre botonosa del Mediterráneo.

La primera de estas patologías está provocada por la bacteria “Rickettsia rickettsi” y es muy frecuente en personas. Es transmitida por las garrapatas y su nombre viene dado porque es en esa zona de Estados Unidos donde la enfermedad tiene su origen y por lo tanto una mayor presencia. Primavera y verano son las estaciones con un mayor número de casos.

Cuando un perro está afectado por la fiebre de las Montañas Rocosas suele mostrar apatía, anorexia, tos, conjuntivitis, problemas respiratorios, vómitos, diarrea, edema en extremidades y cara y dolor en músculos y articulaciones. Esta patología también puede producir dificultades en los movimientos por inestabilidad, alteraciones del comportamiento y convulsiones.

Al observar los primeros síntomas la visita al veterinario será obligatoria, porque un tratamiento precoz con antibióticos -hasta tres semanas de duración- es fundamental para evitar problemas mayores. En este caso la prevención será que nuestros perros estén correctamente desparasitados y protegidos contra la acción de las garrapatas.

Por su parte, la fiebre botonosa del Mediterráneo está provocada por la bacteria “Rickettsia conorii”, una patología que se produce especialmente en Francia y España. En este caso los perros infectados actúan como reservorios, lo que significa que con frecuencia en ellos no existen síntomas con relevancia clínica, salvo cuando los animales hayan desarrollado dicha enfermedad.

Como sucede con la fiebre de las Montañas Rocosas en este caso el problema es que los humanos puedan verse infectados a través de la picadura de las garrapatas que parasitan a sus perros, produciéndose entonces fiebre, dolores musculares y articulares, erupciones cutáneas y en los casos más graves problemas renales, hepáticos, etc.

Para evitar que la bacteria Rickettsia llegue a nuestros perros lo aconsejable es cumplir rigurosamente con el calendario de desparasitación y en las épocas del año con mayor riesgo utilizar los distintos productos que actúan contra la garrapatas.

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