La presencia de biofilm no significa automáticamente que nuestra mascota vaya a enfermar. Muchos de los microorganismos que forman estas comunidades son inocuos. Sin embargo, un bebedero húmedo, con restos orgánicos y que no se limpia regularmente puede convertirse en un lugar adecuado para la proliferación microbiana.
Por este motivo, renovar el agua no es suficiente. Los bebederos también deben lavarse con regularidad, incluso cuando aparentemente están limpios.

¿Qué es exactamente el biofilm?
Un biofilm es una comunidad de microorganismos que se adhiere a una superficie y queda envuelta en una matriz de sustancias producidas por los propios microorganismos. Esta estructura facilita que permanezcan unidos al recipiente y puede hacerlos más difíciles de eliminar que cuando se encuentran libremente suspendidos en el agua.
Aunque solemos asociarlo con una capa visible de aspecto viscoso, un biofilm incipiente puede resultar prácticamente imperceptible. Con el tiempo puede producir esa sensación ligeramente resbaladiza que notamos al pasar los dedos por el interior de un recipiente que lleva demasiado tiempo sin lavarse.
Las bacterias suelen ser los microorganismos predominantes, aunque en determinadas biopelículas también pueden participar hongos y otros organismos microscópicos. No se trata de un fenómeno exclusivo de los bebederos de animales: los biofilms aparecen de forma natural en multitud de superficies húmedas, incluidos los propios sistemas de distribución de agua potable.
¿Por qué aparece biofilm en el bebedero?
Cada vez que un perro o un gato bebe introduce en el recipiente pequeñas cantidades de saliva, microorganismos de su cavidad oral y, en ocasiones, restos de comida.
A estos elementos pueden añadirse pelo, polvo y otras partículas procedentes del entorno. Si el bebedero está en el exterior, las posibilidades aumentan debido a la presencia de tierra, polen, fragmentos vegetales, insectos o incluso otros animales que puedan acercarse al agua.
La humedad permanente y la disponibilidad de pequeñas cantidades de materia orgánica crean unas condiciones favorables para que algunos microorganismos se adhieran a las paredes y comiencen a desarrollarse.
Aquí conviene corregir una idea frecuente: los microorganismos no llegan exclusivamente desde la boca del animal o por falta de higiene.
El agua potable es segura para su consumo, pero no es estéril. El CDC explica que incluso en redes de abastecimiento que funcionan correctamente pueden existir pequeñas cantidades de microorganismos ambientales en el agua del grifo, normalmente en niveles que no representan un problema para beberla.
El bebedero recibe, por tanto, microorganismos procedentes de distintas fuentes y les ofrece una superficie permanentemente húmeda sobre la que pueden adherirse.
¿Es peligroso el biofilm para perros y gatos?
No necesariamente.
Un bebedero que desarrolla biofilm no debe interpretarse automáticamente como una fuente de infección, ya que buena parte de los microorganismos ambientales y de la microbiota de nuestras mascotas no producen enfermedades.

El problema aparece cuando permitimos que el recipiente permanezca durante largos periodos sin limpiar y aumenta la carga microbiana o llegan microorganismos potencialmente patógenos.
Un pequeño estudio realizado sobre bebederos de perros observó un aumento significativo de la contaminación bacteriana tras siete y catorce días de utilización y llegó a identificar microorganismos de importancia sanitaria, entre ellos MRSA y Salmonella. Es importante poner el dato en contexto: el estudio solamente utilizó seis perros, por lo que sus resultados no significan que esos microorganismos estén habitualmente presentes en todos los bebederos domésticos.
Otros trabajos sobre recipientes de alimentación de mascotas también han confirmado que estos utensilios pueden actuar como superficies de contaminación microbiológica y que la acumulación de restos orgánicos y una higiene deficiente favorecen el crecimiento bacteriano.
La limpieza resulta especialmente importante cuando conviven en casa cachorros o gatitos, animales mayores, mascotas enfermas o inmunodeprimidas, o personas con mayor susceptibilidad frente a determinadas infecciones.
¿Cada cuánto hay que cambiar el agua?
El perro o el gato debe disponer siempre de agua fresca y potable.
Como mínimo conviene renovar completamente el agua todos los días y hacerlo antes siempre que observemos restos de comida, pelo, suciedad, insectos o cualquier cambio de aspecto u olor.
En verano, cuando el recipiente está en el exterior o cuando varios animales utilizan el mismo bebedero, puede ser necesario sustituirla varias veces durante el día.
Además, es preferible vaciar completamente el recipiente y llenarlo de nuevo a limitarse continuamente a añadir agua fresca sobre la que ya estaba en el bebedero.
Pero cambiar el agua y lavar el recipiente son dos operaciones distintas: un cuenco que recibe agua nueva todos los días puede seguir acumulando microorganismos en sus paredes si nunca se limpia correctamente.
¿Cada cuánto hay que lavar el bebedero?
Las recomendaciones actuales del CDC indican que los recipientes destinados al agua de perros y gatos deberían limpiarse diariamente.
No hace falta esperar a que aparezca una capa viscosa, mal olor o suciedad visible. Precisamente la limpieza periódica impide que los microorganismos dispongan de tiempo suficiente para establecer una biopelícula más desarrollada.
La fricción es importante. Pasar simplemente el bebedero bajo el grifo puede eliminar restos sueltos, pero no proporciona la misma limpieza que frotar las superficies.
Para una higiene cotidiana adecuada:
- Vacía completamente el agua, lava el recipiente con agua templada y jabón o detergente, y frota bien fondo, paredes, bordes y cualquier ranura. Después acláralo abundantemente y déjalo secar o vuelve a llenarlo con agua potable. Si el fabricante indica que el bebedero es apto para lavavajillas, también puede utilizarse este sistema.
- La desinfección no es necesaria todos los días en condiciones normales. Puede añadirse cuando la mascota está enferma, existe una contaminación especial o conviven personas o animales especialmente vulnerables. En ese caso deben utilizarse productos apropiados siguiendo exactamente las instrucciones del fabricante y aclarando el recipiente cuando corresponda.
- Lávate las manos después de manipular los recipientes. Para limpiar el bebedero de un perro o gato sano no es necesario utilizar sistemáticamente guantes desechables; sí pueden ser convenientes cuando se empleen determinados desinfectantes o exista riesgo de contacto con material contaminado.
Tampoco confiaría en el vinagre como sustituto de un desinfectante cuando sea necesaria una verdadera desinfección. El CDC señala que no existe suficiente evidencia para considerarlo un desinfectante eficaz frente a todos los microorganismos relevantes.
¿Los bebederos eléctricos evitan el biofilm?
No.

El movimiento continuo del agua puede mantenerla más atractiva para algunos animales —especialmente para determinados gatos— y muchos modelos incorporan filtros que retienen partículas, pero el agua en circulación no es agua esterilizada.
Los biofilms pueden desarrollarse tanto en condiciones de agua estancada como con agua en movimiento.
En las fuentes para mascotas conviene prestar especial atención al depósito, conductos, juntas y bomba, porque precisamente estas zonas menos visibles pueden acumular restos y microorganismos.
El filtro tampoco sustituye a la limpieza. Debe cambiarse siguiendo las instrucciones del fabricante y la fuente debe desmontarse periódicamente para limpiar las superficies y componentes accesibles.
¿Es mejor el acero inoxidable que el plástico o la cerámica?
No existe suficiente evidencia para afirmar que un material concreto vaya a impedir por sí solo la formación de biofilm.
El pequeño estudio realizado por la Universidad de Hartpury comparó recipientes de acero inoxidable, plástico y cerámica y no encontró diferencias estadísticamente significativas en el número total de bacterias atribuibles únicamente al material. Los investigadores sí observaron diferencias en los tipos de microorganismos encontrados y tendencias distintas entre materiales, pero advirtieron de que eran necesarios más estudios antes de determinar cuál era la mejor opción.
Desde un punto de vista práctico, interesa escoger un bebedero de superficie lisa, resistente y fácil de limpiar, preferiblemente apto para lavavajillas si queremos utilizar este sistema.
También conviene sustituir los recipientes muy deteriorados, con grietas, arañazos profundos o superficies dañadas que dificulten una limpieza correcta.
¿Qué ocurre cuando varios animales comparten bebedero?
Compartir un recipiente no significa necesariamente que vaya a existir un problema sanitario, pero cuantos más animales beben de él, mayor es la cantidad de saliva, restos orgánicos y microorganismos que pueden llegar al agua.

En casas con varios perros o gatos resulta útil disponer de más de un punto de agua, no solo por higiene sino también para facilitar que todos los animales puedan beber cuando lo necesiten.
En estos hogares puede ser necesario renovar el agua y limpiar los recipientes con mayor frecuencia. Si uno de los animales padece una enfermedad infecciosa, el veterinario puede recomendar además utilizar utensilios separados y extremar su limpieza y desinfección.
Especial atención a los bebederos exteriores
Los recipientes colocados en jardines, terrazas o patios están más expuestos a contaminación ambiental.
Polvo, tierra, hojas, pelo, insectos y otros animales pueden entrar en contacto con el agua, mientras que las altas temperaturas pueden favorecer el crecimiento de determinados microorganismos.
Por ello conviene situarlos, siempre que sea posible, en una zona protegida del sol directo, revisar el agua varias veces durante el día y limpiarlos con especial frecuencia.
Tener varios recipientes tampoco elimina la necesidad de lavarlos: cuatro bebederos sucios no son más seguros que uno limpio.

Agua limpia y recipiente limpio
Garantizar una correcta hidratación no consiste únicamente en llenar el cuenco.
El agua debe ser fresca y potable, pero el recipiente que la contiene también forma parte del cuidado diario de perros y gatos. El biofilm es un fenómeno microbiológico natural y no debe provocar alarma, pero sí nos recuerda por qué limitarse a renovar el agua sin lavar el bebedero no es suficiente.
Una rutina tan sencilla como cambiar el agua a diario, lavar el recipiente cada día y aumentar la frecuencia cuando haya suciedad, calor, varios animales o alguna enfermedad reduce considerablemente las posibilidades de acumulación de restos y proliferación microbiana.






























