Parásitos de los perros que pueden afectar a las personas
Algunos parásitos de los perros tienen potencial zoonósico, pero sus vías de transmisión son diferentes y en muchas ocasiones el contagio no se produce por contacto directo con el animal.
Uno de los ejemplos más importantes es Toxocara canis. Los perros infectados pueden eliminar huevos a través de las heces y estos necesitan desarrollarse en el ambiente antes de convertirse en infectantes. Las personas pueden ingerir accidentalmente esos huevos presentes en tierra, arena u otros materiales contaminados.
Los anquilostomas de determinadas especies también pueden afectar a las personas, generalmente cuando sus larvas presentes en terrenos contaminados penetran a través de la piel.
En el caso de Echinococcus granulosus, los perros actúan como hospedadores definitivos y eliminan huevos que pueden contaminar el ambiente. Su ingestión accidental por una persona puede provocar equinococosis.
Dipylidium caninum, una tenia frecuente en perros y gatos, utiliza a las pulgas como hospedador intermediario. El contagio a una persona —poco frecuente— se produce al ingerir accidentalmente una pulga infectada, no por la saliva del perro.
Algunos protozoos, como Giardia duodenalis, poseen variantes genéticas diferentes. Determinados genotipos pueden tener potencial zoonósico, pero no todas las infecciones detectadas en perros implican el mismo riesgo para las personas.

¿Qué hacer ante una posible exposición?
Las manifestaciones de una zoonosis parasitaria dependen completamente del parásito implicado y algunas infecciones pueden ser inicialmente asintomáticas.
Si una persona sospecha una exposición de riesgo o presenta síntomas compatibles debe consultar con un profesional sanitario, indicando que convive o ha tenido contacto con animales cuando esa información pueda ser relevante. El diagnóstico de una parasitosis humana no puede realizarse únicamente por los síntomas.

Un simple contacto con un animal portador o con un objeto contaminado pueden hacer que el parásito entre en el organismo llegando a provocar una enfermedad.
A través de la saliva los parásitos intestinales (lombrices) son los que más frecuentemente provocan contagios de perros a personas. Los gusanos redondos (nematodos) suelen causar cuadros digestivos, mientras que los gusanos planos (cestodos) pueden causar, como sucede con las tenias, el quiste hidatídico en diversos órganos.
Por otra parte, parásitos externos como pulgas y garrapatas también pueden transmitir virus y bacterias a través de sus picaduras, mientras que los ácaros y los piojos no tienen suficiente capacidad de parasitar a las personas, pero sí de provocar reacciones cutáneas por contacto.
Cómo reducir el riesgo de zoonosis parasitarias
La prevención se basa principalmente en retirar rápidamente las heces, lavarse las manos después de manipular excrementos o tierra, mantener un adecuado control veterinario de los parásitos y controlar también las pulgas.
Conviene evitar que los perros consuman presas, cadáveres o vísceras crudas cuando exista riesgo parasitario y establecer con el veterinario una pauta de análisis coprológicos o tratamientos adaptada a su estilo de vida.

Los niños deben lavarse las manos después de jugar en parques, jardines o areneros y antes de comer, especialmente porque algunos huevos parasitarios pueden permanecer durante largos periodos en el ambiente.
Mantener al perro correctamente controlado frente a los parásitos protege tanto su salud como la de las personas con las que convive.






























