Blastomicosis en perros: Infección por hongos en mascotas

Los hongos son un peligro para los humanos y las mascotas. En el caso de perros y gatos, pueden sufrir al igual que nosotros la enfermedad de Gilchrist o blastomicosis, una afección piogranulomatosa que si bien es poco frecuente resulta de lo más peligrosa.

blastomicosis en perros

La enfermedad piogranulomatosa de Gilchrist o blastomicosis norteamericana puede afectar tanto a humanos como a perros y gatos. Aunque no suele aparecer de forma común, esta patología se produce mediante la intervención del hongo dimórfico Blastomyces dermatitidis, que se encuentra habitualmente en el suelo o la madera. Siendo una afección endémica de las regiones norteñas de América del Norte, provoca síntomas similares a la histoplasmosis.

Zonas frecuentes

Decimos que es poco frecuente puesto que la blastomicosis tiene una incidencia entre 1 y 2 casos por cada 100.000 personas que viven en aquellas áreas en las que el hongo se presenta con mayor frecuencia, siendo eso sí muy poco habitual fuera de estas regiones. La forma infectante se produce por las abundantes conidiosporas del hongo en el medio ambiente, por lo que el hábitat ideal para la presencia de esta forma micelar son los suelos húmedos que cuentan con suficiente materia orgánica, como restos vegetales, o si se trata de un terreno que ha sido removido recientemente.

Las zonas en las que se encuentran ríos, lagos o árboles caídos son las más frecuentes, además de aquellas en las que también se localizan muelles o se están construyendo en ellas cabañas. Las riveras y espacios lacustres del centro y noroeste de Estados Unidos y Canadá son los lugares con mayor incidencia de esta enfermedad, siendo la penetración inhalatoria y, aunque menos frecuente, per cutánea. Y una vez que se produce la infección, el proceso no es contagioso.

Especies más sensibles a la blastomicosis

Además del ser humano, perros y gatos pueden padecer blastomicosis. Si hablamos de razas caninas, se incluyen entre las más propensas aquellas de mayor peso y tamaño, como el grupo de los Retrievers, el de los Hounds y el de los Pinschers. En caballos, la patología aparece únicamente de manera excepcional.

Causas y forma de contagio de la blastomicosis

La penetración del hongo suele producirse de manera inhalatoria más frecuentemente, que a su vez puede dar lugar a una infección abortiva o subclínica. La infección puede provocar una intensa sensibilización alérgica, pudiendo incluso penetrar en la piel mediante traumatismo. Hay que dejar claro que no se trata de una enfermedad zoonótica, puesto que no puede transmitirse de animal a humano ni viceversa.

El perro inhala las esporas fúngicas del género Blastomyces dermatitidis que se encuentran en el aire una vez que el suelo contaminado se ha alterado. Acciones como cavar en la tierra, seguir un rastro de olor o exponerse a zonas con agua, materia en descomposición o que han sido excavadas recientemente aumentan considerablemente el riesgo de exposición al hongo y que el animal contraiga la enfermedad.

Síntomas y Diagnóstico de la blastomicosis

El cuadro clínico de la blastomicosis se produce mediante una neumonía febril que puede ocasionar en los humanos tos, astenia y disnea o dificultad respiratoria, llegando a ser incluso continua y progresiva. También puede padecerse una congestión e induración de los ganglios cervicales y submandibulares, produciéndose disfagia o dificultad para tragar, además de forúnculos, abscesos o úlceras cutáneas. En los perros aparecen síntomas como fiebre, pérdida de apetito o anorexia, inflamación en los ojos, problemas y dificultad en la respiración y lesiones en la piel con abundante pus.

Las blastosporas, defendidas por su gruesa pared celular, producen lesiones progresivas granulomatosas o piogranulomatosas, con pus, y vehiculadas en macrófagos, metástasis ganglionares, cutáneas, óseas, oculares, y más raramente nerviosas y genitales. Una vez llegado a este punto, el proceso tiende a ser mortal sin posibilidad de tratamiento.

Si bien la neumonía puede ser focal, con lesiones piogranulomatosas de considerable tamaño, o bien difusa, con multitud de granulomas miliares de aspecto lardáceo. Será visible un granuloma de centro necrótico, envuelto en una capa de células epitelioides, y periferia con abundantes linfocitos, algunos macrófagos y células gigantes de cuerpo extraño. Las azules blastosporas redondeadas de gran tamaño y gruesa pared en los tejidos carecen de cápsula hialina, pero podrían confundirse con criptococos.

En el caso de las mascotas, es necesario realizar las pruebas adecuadas para confirmar que se trata de esta enfermedad, puesto que un error en su diagnóstico tendría consecuencias fatales para la salud del animal. No debe confundirse con un cáncer o con una infección pulmonar, puesto que su tratamiento con antibióticos repercutiría de manera muy negativa.

Tratamiento y prevención

Siendo realmente difícil predecir dónde puede encontrarse este organismo, resulta igual de complejo evitarlo. Las únicas posibilidades para combatirlo estriban en el diagnóstico precoz, por lo que si nuestra mascota ha estado en una zona en la que este hongo ha podido estar presente, se deberá acudir al veterinario de forma inmediata antes de que puedan aparecer los síntomas especificados anteriormente. Mediante un análisis a tiempo podrá detectarse la infección fúngica, ya sea con un examen de células de los ganglios linfáticos, del líquido drenado de las lesiones cutáneas o de los líquidos de la tráquea y examinando los tejidos pulmonares. Evitar las zonas en las que el riesgo es mayor si es posible también será fundamental para la tarea preventiva.

Una vez detectado, el tratamiento se llevará a cabo en el hogar, mediando dosis orales de medicamento antimicótico, que debe administrarse al menos durante dos meses, o uno tras la aparición de los síntomas, según indique el profesional veterinario. Aquellos perros que ya cuenten con patologías respiratorias pueden llegar a necesitar un suplemento de oxígeno hasta que mejore la condición pulmonar. Si la infección no mejora, en los casos más graves es posible que se requiera de cirugía para extirpar la parte del lóbulo abscesado en los pulmones.

Durante el tratamiento, deben limitarse las actividades físicas del animal para evitar esfuerzo innecesario en sus pulmones, y aportarle una dieta de alta calidad. Revisar de manera regular el tórax ayudará a saber si es necesario modificar el tratamiento en caso de que se produzca algún cambio en sus pulmones.

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