Fundado en 1835 con el nombre de Ateneo Científico, Literario y Artístico y con Mariano José de Larra como socio Nº1, el Ateneo de Madrid está considerado la institución cultural privada más importante de la historia española contemporánea.
No en vano por esta institución han pasado seis presidentes de Gobierno, casi la totalidad de los Premios Nobel españoles y muchos de los escritores y artistas que conformaron las generaciones del 98 y del 27.
Entre 1920 y principios de 1924, en los mismos años en los que el Ateneo de Madrid acogió a personajes internacionales de la talla de Albert Einstein, Marie Curie y Henri Cartier-Bresson, un muy tranquilo gato negro bautizado con el filosófico nombre de Platón pululaba a sus anchas por las distintas salas del Ateneo de Madrid.
En este sentido cuentan las crónicas, que en aquella época era frecuente observar al oscuro felino conviviendo con el resto de socios por la Cacharrería o paseando tranquilamente por los pasillos de la Galería de Retratos, convencido de que el Ateneo de Madrid era su casa.
“Negro como un tizón, rolliizo por su buen comer y dormir, de carácter afable y semblante intelectual…”, así definen a Platón quienes conocieron al único gato que ha tenido el Ateneo en sus casi doscientos años de historia.
Los orígenes de Platón
Nadie sabe cómo llegó Platón y menos cómo consiguió establecer su domicilio gatuno en la calle Prado, 21, sede del Ateneo de Madrid, pero lo cierto es que con anterioridad a la dictadura de Miguel Primo de Rivera y antes del cierre del Ateneo el 20 de febrero de 1924, Platón estaba considerado por todos como un socio más, aunque tras el cierre de la institución su calidad de vida se vería un tanto alterada.
En el listado de socios del Ateneo de Madrid constaban en aquel momento los nombres, entre otros, de Miguel de Unamuno, Manuel Azaña, presidente de la II República, Ramón y Cajal, Clara Campoamor o Ramón María del Valle-Inclán, razón por la cual el gracejo popular afirmaba que Platón era el gato más culto del mundo, puesto que podía asistir y escuchar las conferencias y tertulias de los más insignes intelectuales españoles.
Dormir sobre el The Times
Otra de las anécdotas que han pasado a la historia del Ateneo y que probarían la supuesta sabiduría gatuna de Platón, tiene que ver con su afición felina por el diario británico The Times.
En medio de una España donde el nivel de analfabetismo era bastante alto, el Ateneo de Madrid era de las pocas instituciones donde los socios podían tener libre acceso a la prensa internacional de la época. Como pocos de estos socios tenían conocimientos de idiomas, los periódicos extranjeros acababan siendo utilizados con fines distintos a los previstos inicialmente.
En este sentido se corrió la voz de que, entre otras utilidades, los conserjes del Ateneo solían utilizar los ejemplares atrasados para que «Platón» pudiera descansar cómodamente y, curiosamente, entre todo el papel prensa que llegaba de fuera de nuestras fronteras el gato del Ateneo de Madrid prefería dormir sobre las páginas de The Times.
Igual que llegó, desapareció
Platón era un gato callejero y no consta en la memoria colectiva quién o quienes tenían encomendado su cuidado y alimentación, pero su presencia en el Ateneo de Madrid seguramente tenía que ver con la necesidad de mantener a raya a los roedores que seguramente invadían una institución donde el papel y la letra impresa eran y son una de sus principales riquezas.
Actualmente, el Ateneo de Madrid conserva en su biblioteca y archivos más de 340.000 libros, además de innumerables documentos de todo tipo, cartas, revistas, periódicos, etc, un manjar alimenticio e intelectual que gracias a «Platón» no fue devorado por los roedores.
Y tal como llegó el gato negro del Ateneo de Madrid desapareció sin dejar rastro. Tras la dimisión de Primo de Rivera en enero de 1930 el Ateneo de Madrid reabrió sus puertas para reiniciar sus actividades, pero esta vez lo hizo sin la presencia de Platón, que ha pasado a la historia del Ateneo por ser el gato más culto del mundo.







