Hace unos veinte años que científicos de la Universidad de Harvard y del MIT de Massachussets secuenciaron por primera vez el genoma completo del perro. A día de hoy los test genéticos (análisis de ADN) se han popularizado, tanto que existen laboratorios, incluso centros tan respetados en los ambientes veterinarios como la mismísima Universidad Complutense de Madrid, que ofrecen la posibilidad de conocer el genoma de nuestras mascotas, aunque antes de gastar más o menos dinero en este tipo de pruebas conviene conocer cuál es la utilidad real de estos test.
Para qué sirve conocer el ADN
Inicialmente, un test genético debe servir para conseguir información sobre el origen racial de nuestro perro (también puede hacerse en gatos), teniendo en cuenta que muchas de las razas caninas actuales se corresponden con los múltiples cruces que tuvieron lugar a lo largo de la historia.
Mediante un análisis de ADN es posible detectar los rastros genéticos que han ido dejando las distintas razas (más de 300) que existen y que han podido participar en los cruzamientos, e incluso se puede conocer cuál es la proporción que de cada raza existe en el genoma de un determinado ejemplar mestizo.
Conocer esta proporción racial puede llegar a ser muy importante, por ejemplo, a la hora de explicar y descifrar posibles rasgos ocultos en el comportamiento de nuestro perro, con el fin de poder anticiparse a los mismos o de comprenderlos mejor en el momento en el que aparezcan.
Por otro lado, en los casos de perros de raza el análisis de ADN dejará al descubierto cuál es su porcentaje real de pureza, un dato que a más de un propietario seguramente pueda llegar a sorprenderle.
Anticiparse a enfermedades
El objetivo prioritario de los test genéticos es bucear en el ADN con el objetivo de localizar posibles enfermedades potenciales en estado latente, aunque en este sentido hay que advertir que si el genoma de un perro contiene el gen de la distrofia muscular esta presencia no significa que vaya a padecer esta patología a lo largo de su vida, aunque sí nos está indicando que existe un riesgo potencial de que pueda desarrollarla.
Para los veterinarios los estudios de ADN son instrumentos muy útiles para desarrollar, en aquellos casos de gravedad potencial, estrategias y tratamientos preventivos que permiten adelantarse a las patologías.
Otro interesante punto de interés del estudio del genoma de nuestro perro tiene que ver con el gen MDR1, donde es importante detectar de forma temprana cualquier trastorno. La razón es que la presencia de este gen no combina bien con determinados medicamentos, por lo que su administración puede resultar peligrosa en ejemplares con mutaciones en el gen MDR 1.
Cuidado con los test genéticos
La primera prueba genética con fines comerciales llegó al mercado en 2009 para perros y en 2016 para gatos, aunque en muchos casos debemos dudar de su fiabilidad puesto que las empresas que realizan este tipo de test no tienen la obligación de descubrirnos la metodología utilizada o los controles de calidad que aplican en sus procesos.
Por esta razón expertos caninos y organizaciones de veterinarios exigen que exista una regulación legal con el fin de garantizar el rigor de los test genéticos, para que más allá de un «divertimento» para los propietarios estas pruebas sirvan para descubrir y valorar potenciales problemas de salud y de comportamiento que puedan desarrollar las mascotas a lo largo de su vida.







