En el viejo argot periodístico una “serpiente de verano” era una noticia de carácter sensacionalista, que por regla general servía para ocupar portadas y vender más periódicos en una época vacacional en la que los quioscos de prensa solían contar con escasa presencia de clientes.
Pero lo curioso es que en el actual mundo digital las “serpientes de verano” no sólo no han desaparecido, sino que por el contrario su presencia ha proliferado. Y en este verano ardiente que nos ocupa una de estas serpientes ha alertado a los propietarios de perros de la peligrosidad de las “aceiteras”, un insecto cuyo veneno se ha comparado de forma poco científica con el de cinco víboras.
¿Qué es la “aceitera”?
También conocida como “carraleja” o “curica”, la “aceitera” es el mayor insecto coleóptero de España y de Europa. Con unos siete centímetros de longitud, visualmente la “aceitera” se parece más a un gran gusano que a un escarabajo y es fácilmente reconocible por su abdomen alargado de color negro atravesado por diferentes anillos de color rojo o anaranjado, circunstancia evolutiva que convierte a este insecto en fácilmente distinguible.
En los tejidos de la “aceitera” destaca la presencia de una sustancia tóxica -cantaridina- que le sirve al insecto para defenderse de potenciales amenazas. La cantaridina es un compuesto químico de alta toxicidad y que sin embargo se emplea en dermatología para el tratamiento de verrugas al no dejar cicatrices.
¿Es tan peligrosa la “aceitera” como dicen?
En España la “aceitera” es un insecto habitual en muchos territorios y hasta el día de hoy no existe constancia científica de que su veneno haya causado una mortandad canina significativa, aunque si hacemos caso a las “serpientes de verano” un simple contacto con este coleóptero significa una muerte segura.
Los riesgos de la “aceitera” proceden de las capacidades tóxicas de la cantaridina y en la hipersensibilidad de algunos perros a esta sustancia. Desde un punto de vista veterinario la cantaridina suele producir irritación cutánea si el contacto de perro-insecto es simplemente externo, pero en el caso de que la “aceitera” sea ingerida, algo que puede suceder en el caso de cachorros o perros jóvenes que experimentan a través de la boca, es cierto que se pueden producir trastornos gastrointestinales y renales de gravedad.
Los riesgos de la cantaridina
Si nuestro perro ha tenido contacto con una “aceitera”, la cantaridina puede provocar en el animal los siguientes problemas de salud:
- Trastornos cutáneos. Al contacto con la piel la toxicidad de la cantaridina suele promover la aparición de ampollas, quemaduras y dermatitis.
- Problemas gastrointestinales. Si el insecto es ingerido la cantaridina provoca en el organismo vómitos, diarrea, dolor abdominal.
- Daños renales. En los casos de intoxicación más graves los riñones pueden sufrir una afectación severa.
- Reacciones alérgicas. En perros hipersensibles a la cantaridina puede desarrollarse una reacción alérgica que provoque irritaciones cutáneas y de mucosas e incluso anafilaxia.
Consejos prácticos
A pesar de tratarse de un insecto habitual en España en ningún caso la “aceitera” tiene una presencia numerosa en nuestro país, lo que significa que la mayoría de perros nunca tendrá contacto con este coleóptero.
Pero en el caso de que este contacto se produzca es importante lavar cuanto antes la zona afectada con agua y jabón suave con el objetivo de retirar la cantaridina de la piel y con posterioridad buscar asistencia veterinaria.
En los casos más graves, ya sea por ingestión o por reacción alérgica, es urgente acudir al veterinario para que establezca un tratamiento adecuado.









