Lupus canino: ¿Qué es y a qué razas afecta?

El lupus es una enfermedad generada por el propio sistema inmunitario del animal, genera unos complejos que se distribuyen por la sangre y que ocasionan la inflamación de los tejidos, pudiendo desarrollarse la enfermedad en distintos órganos. Aunque puede afectar a cualquier animal, las razas más propensas son el galgo afgano, setter irlandés, beagle, collie, caniche o pastor alemán, sobre todo cuando se trata de ejemplares por encima de los seis años.

¿Qué dispara el lupus?

Hace unos años la enfermedad de lupus saltó al estrellato gracias al famosísimo doctor House, pero lo que pocos saben es que se trata de una patología que puede afectar también a las mascotas, especialmente a los perros (lupus eritematoso sistémico o LES).

El LES es una enfermedad inmunomediada, es decir, causada por la acción del sistema inmunitario del propio animal y que puede afectar a diversos órganos, por lo que se considera multisistémica. Está considerada un problema autoinmune, ya que las células de defensa del organismo reaccionan generando anticuerpos frente a sus propias células.

Esos anticuerpos se unen a los antígenos, las células que el sistema inmune ha reconocido como extrañas o peligrosas, formando unos complejos que circulan por la sangre y que pueden depositarse en los distintos órganos, causando inflamaciónde los tejidos. Esta inflamación es la causante del cuadro en función de si afecta al riñón, los vasos sanguíneos, las articulaciones, etc.

¿Cómo saber si mi perro tiene lupus?

El diagnóstico del lupus canino sistémico (LES) requiere de un veterinario con experiencia y que sepa valorar la historia clínica y la sintomatología, de forma que opte por realizar las pruebas adecuadas para identificar el problema. Existe una prueba específica consistente en la detección de anticuerpos antinucleares (ANA) que, junto con los signos, puede permitirnos alcanzar el diagnóstico.

Un animal con resultado positivo en anticuerpos ANA y dos signos mayores (poliartritis, glomerulonefritis, lesiones cutáneas, anemia…) o un signo mayor y dos signos menores (pericarditis, pleuritis, fiebre…) es considerado positivo claro. Por el contrario, si únicamente aparece un signo mayor o dos signos menores el diagnóstico es sólo probable incluso con resultado de ANA positivo.

Lupus canino: Razas propensas

Aunque puede afectar a cualquier perro, los individuos afectados con más frecuencia son los perros adultos mayores de seis años. No hay diferencia entre sexos pero sí que existen razas más propensas a padecerlo:

¿Qué síntomas provoca el lupus?

La sintomatología del lupus canino está causada por el depósito de los complejos antígeno-anticuerpo en los diferentes órganos y aparatos. Uno de los más afectados suele ser el aparato locomotor, con posible aparición de una dolorosa artritis inmunomediada. Este cuadro de poliartritis puede ir acompañado de daños musculares.

En estos casos observaremos en el animal una cojera que inicialmente es leve e intermitente, para a medida que los daños avancen hacerse contínua y cada vez más limitante, ocasionando también debilidad en el animal.

Los daños en la piel son también habituales y afectan especialmente a la cara, aunque pueden darse también en extremidades, tronco, boca, orejas y zonas de unión mucocutánea. Suelen aparecer dermatitis con pequeñas vesículas, úlceras de tamaño variable que no llegan a curar, hiperqueratosis, eritemas, sequedad y grietas en la trufa, coloración oscura y engrosamiento de la piel, pérdida de pelo, infecciones o piodermas.

Cuando los complejos alcanzan otros órganos pueden aparecer problemas de mayor gravedad, como glomerulonefritis (riñón), vasculitis (vasos sanguíneos), pleuritis (pleura), miocarditis (corazón) o daños en el cerebro.

Se trata de problemas menos habituales pero que complican el cuadro, llegando a ser algunos de ellos irreversibles y potencialmente mortales. También pueden aparecer signos asociados como fiebre, anorexia o aumento del tamaño de los ganglios linfáticos.

¿Cómo se cura el lupus en perros?

Al tratarse de una enfermedad autoinmune el tratamiento va encaminado a controlar la reacción inmunitaria defectuosa mediante fármacos inmunomoduladores o inmunosupresores. El uso de corticoides es el tratamiento de elección en un primer momento y suele usarse durante al menos dos semanas para valorar la respuesta.

Si el efecto no es el deseado pueden emplearse medicamentos más potentes con efecto inmunosupresor y que debilitan el sistema inmunitario, es el caso de algunos quimioterápicos, aunque debe llevarse un control riguroso del animal para evitar infecciones secundarias.

El pronóstico depende del cuadro que presente el animal. Cuando la enfermedad únicamente ha provocado lesiones en la piel el tratamiento suele lograr una recuperación completa. En el caso de que haya causado un cuadro de poliartritis la mejoría dependerá de la gravedad de las lesiones, ya que aunque desaparezca la inflamación las superficies articulares pueden quedar dañadas de forma crónica.

En aquellos animales en los que haya aparecido algún daño en órganos o vasos sanguíneos el pronóstico es reservado. La glomerulonefritis es una complicación secundaria habitual que suele acortar la vida útil del riñón, reduciendo la esperanza de vida de los perros que la padecen, aunque actualmente hay tratamientos que ayudan en la estabilización de la patología.

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