El movimiento “antivacunas” también llega al mundo de las mascotas

Este año la OMS ha declarado a los “antivacunas” como un peligro para la salud de personas y de mascotas. En España estos colectivos todavía no tienen una fuerte presencia, pero en el Reino Unido, por ejemplo, el 25% de los propietarios de perros afirman no haberlos vacunado en ninguna etapa de su vida.

Las autoridades veterinarias de la Unión Europea están preocupadas por el incremento del número de propietarios que se niegan a vacunar a sus mascotas, convencidos de que estos tratamientos son perjudiciales para sus animales de compañía, lo que está provocando que durante los últimos meses hayan aumentado, entre otros, los casos de rabia.

Por el momento en España el colectivo “antivacunas” no tiene una presencia destacable, pero viendo la tendencia existente en países como Estados Unidos, Australia y Reino Unido, cabe pensar que en el futuro las cosas pueden ser muy diferentes.

Según un informe realizado por la fundación People´s Dispensary for Sick Animals al menos un 25% de los propietarios británicos de perros no han vacunado a sus cachorros, lo que significa que unos 2,2 millones de animales están expuestos a posibles contagios y podrían transmitir enfermedades graves a animales y a personas.

Por su parte en Estados Unidos los “antivacunas” defienden que no existe ninguna evidencia científica que indique que los perros necesiten vacunarse anualmente, al tiempo que aseguran que las vacunas son peligrosas porque pueden provocar cáncer, desórdenes genéticos, alergias o artritis, argumentos que han conseguido que en algunos estados norteamericanos las autoridades hayan extendido hasta los tres años el periodo de vacunación de recuerdo para la rabia y que en algunos casos, con un simple análisis de sangre, pueda incluso eliminarse.

En España solo la vacuna de la rabia obligatoria, aunque en todas las clínicas veterinarias existe un protocolo para proteger a los animales de las enfermedades que les pueden causar la muerte. Entre la sexta y la octava semana los cachorros son desparasitados y se les pone una primera dosis de la vacuna que los inmuniza contra el moquillo y la parvovirosis.

Después entre la novena y la duodécima semana de vida se les administra la segunda dosis y también las vacunas de la hepatitis vírica y la leptospirosis. Entre la decimotercera y decimosexta semana se les pone el recuerdo de la tetravalente (moquillo, parvovirus, hepatitis vírica y leptospirosis) y a partir de los tres años la antirrábica que se refuerza anualmente (en algunas comunidades cada dos años) para mantener la inmunidad.

Gracias a este protocolo de vacunación en Europa se han conseguido erradicar enfermedades como la rabia, cuando en el resto del mundo todavía se producen 60.000 casos al año, lo que ha provocado que la OMS haya decidido incluir a los movimientos “antivacunas” entre las principales amenazas para la salud de personas y mascotas.

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